mié. Sep 18th, 2019

Hipnosis: ¿Real o fraude?

Criticada por muchos, malentendida por casi todos, reverenciada por algunos y entendida por unos pocos, así es la hipnosis.

Criticada por muchos, malentendida por casi todos, reverenciada por algunos y entendida por unos pocos, así es la hipnosis. Los mitos se amalgaman en torno a ella, dándole un pedigrí de misterio muy apropiado para estas fechas.

¿Qué es en realidad la hipnosis?

La hipnosis es confundida muchas veces con un estado de inconsciencia, de sueño o, incluso, de coma. Y nada más lejos de la realidad. Actualmente existen decenas de mitos asociados con este «fenómeno» psicológico que es, además, empleado con fines terapéuticos cuando se puede. Hipertextual ha hablado con Txema Campillo, divulgador científico con años en lucha contras las pseudociencias.

«Existen un montón de definiciones de hipnosis, pero yo me quedo con la definición que usa Jeff Toussaint que dice que la hipnosis es un estado ampliado de comunicación», nos cuenta Txema. En realidad, las personas hipnotizadas no están inconscientes, sino todo lo contrario. Si lo estuvieran, no podrían comunicarse. Por otro lado, Juan Dharma, doctor en filosofía y máster multidisciplinar en Psicología, además de investigador en aplicaciones terapéuticas de la hipnosis, nos da otro punto de vista.

«La gran mayoría de estudios hasta hace poco se amparaban en un paradigma antiguo en el que se define la hipnosis como un estado de consciencia alterado», explica Juan. «En ese estado, se supone que la persona se encuentra más susceptible a lo que se conoce como las sugestiones del hipnotizador.» Pero a día de hoy, esta conceptualización, afirma el experto, está siendo desplazada para entender mejor la hipnosis a través de las pruebas que tenemos y tras haber superado multitud de prejuicios sobre cómo funciona el cerebro.

Se parece a un juego de roles

Cada día jugamos a un juego de roles donde nosotros nos ponemos en un papel. Por ejemplo, nos «jugamos» a ser trabajadores, o jefes; padres e hijos; ciudadanos y policías… esta imposición cultural es un constructo social útil y necesario para vivir en la manera que vivimos. Y también afecta a la hipnosis. «Hay grupos de investigación que dicen que la hipnosis es en realidad un juego de roles donde una persona se instituye en el papel de hipnotizador y otra en el de hipnotizado». Como decíamos, esto no significa que estén fingiendo, al igual que un trabajador y un policía o un padre no finge su rol.

De esta manera, los hipnotizados estarían precondicionados por la experiencia. Esto es especialmente útil en los espectáculos de hipnosis o en las sesiones terapéuticas, donde el hipnotizado adquiere una posición en la que confía en una autoridad: el terapeuta. La hipnosis validaría las expectativas del rol de hipnotizado, lo que explicaría las sensaciones que el cuerpo siente.

Pero si es un juego de roles, ¿por qué se experimentan sensaciones tan vívidas? No es algo tan extraño. Solo hay que pensar en las sugestiones masivas o en las vivencias chamánicas o los trances provocados en congregaciones religiosas. «Un trance es esa sensación de estar con la atención completamente concentrada en una idea, como ocurriría con un corredor que está llegando a la meta, por ejemplo. Todo esto, al final, se puede explicar a partir de los fenómenos ideomotores«, afirma el hipnotizador.

Este apartado ideomotor es uno de los principales componentes del puzle que conforma la hipnosis. «Nuestro cerebro es capaz de representar ciertas cosas, y es bastante común». Momentos antes, Juan nos hacía una demostración con el ejemplo de un limón. Poniendo énfasis en la manera de describir la experiencia, usando ciertas palabras y guiando nuestra concentración hacia dicho limón ha conseguido una manifestación ideomotora: la salivación. De hecho, no es nada difícil observar los resultados, solo necesitamos pensar en morder un limón, en su tacto y su color, para producir una reacción fisiológica.

Los hipnotizados no pierden la voluntad

Los fenómenos ideodinámicos, como comentaba Juan, son la manifestación y también el conductor de los fenómenos hipnóticos. Por ejemplo, si Juan intentara que no moviéramos el brazo, creando la idea de que es una viga de hierro, ¿qué ocurriría?. «La persona puede llegar a sentir, por el fenómeno ideomotor, que no puede mover el brazo, y es como un círculo en el que se retroalimenta concentrándose en esa sensación, reciclándola. Así conseguimos que la persona experimente no poder mover el brazo».

Pero esto no quiere decir que los hipnotizadores tengan el control sobre los hipnotizados. «Si yo, entonces, tratara de clavar un cuchillo en el brazo a esta persona, inmediatamente desaparecería la disociación, interrumpiendo su atención del proceso, de la experiencia, porque en ese momento es más importante salvaguardar la integridad física». Con esta frase, Juan nos explica que los hipnotizados no pierden en ningún momento su voluntad ni su contacto con la realidad.

«Si le pides a una persona que se desnude, inmediatamente se va a despertar y, probablemente, te lleves un guantazo», explica Txema. Pero claro, el límite varía según las personas. «Que yo sepa no se conocen casos en los que un hipnotizador tuviera que parar a una persona porque se estaba desnudando en público», nos cuenta Juan Dharma.

«La disociación, vista desde fuera, nos lleva a los malentendidos de la hipnosis. ¿Puedes forzar a que una persona haga algo en contra de su voluntad? No, porque esa persona se ha prestado al contrato o contexto ‘hipnosis’. Si hay un problema en el que la integridad física o ética de la persona se ve comprometida, la persona dejaría de ‘alucinar’ la experiencia hipnótica, lo cual no invalida lo que estaba viviendo».

Otro de los mitos más extendidos, aparte de hacer que una persona actúe en contra de su voluntad, es convertir a un ser humano en un autómata que no recuerda lo que ha pasado. Pero no se pueden hacer olvidar los recuerdos. «No solo no se puede, sino que no es deseable. El recuerdo de experiencias traumáticas es útil, porque nos hace evitar el peligro». Pero, insistimos, la hipnosis no permite bloquear recuerdos ni provocar una amnesia persistente.

De hecho, los hipnotizados recuerdan perfectamente todo lo que ha pasado. «La mayoría de la gente se suele acordar de todo lo que ha pasado durante la hipnosis», nos comenta Txema, hablando de sus experiencias como hipnotizador.

«Existen unos pocos casos reales de terapeutas que han empleado la hipnosis para abusar de sus pacientes». Esto podría ocurrir dentro del contexto que describíamos si el nivel de confianza terapeuta-paciente fuese muy alto, confirma Txema. «Por supuesto, estos pacientes lo recuerdan todo y estos terapeutas están en la cárcel. Si se pudieran borrar recuerdos, esta gente no habría sido detenida». La disociación memorística, igual que ocurre con el fenómeno ideomotor, es una «alucinación» que ocurre solo durante un tiempo corto.

Se puede usar la hipnosis como terapia

Esto no quiere decir que no se pueda usar la hipnosis de forma terapéutica. «Provocar a alguien para que sufra de una amnesia definitiva permanente, desde luego, es imposible», confirma Juan Dharma, «Es cierto que hay una manera de trabajar el recuerdo para romper su vinculación emocional fuerte y, sobre todo, para que este recuerdo no le condicione. Pero esto no significa olvidar».

También se puede usar la hipnosis para tratar el dolor, por ejemplo. «La hipnosis es fundamentalmente atención; y se ha demostrado que ayuda a tratarlo porque hay un gran componente de estrés en el dolor». Efectivamente, el dolor puede mitigarse enormemente con atenciones, distracciones y componentes lúdicos, entre otras cosas. Es un hecho contrastado en numerosas ocasiones por la ciencia. «Con la hipnosis, a través de las terapias de control de dolor, no vamos a curar la lesión. Eso ha de hacerlo un médico. Lo que hacemos es desviar la atención lejos del dolor», explica Juan.

Por descontado, la hipnosis no es una especie de terapia panacea. No sirve para todo ni es todopoderosa. Como explicábamos, tiene una serie de limitaciones asociadas a las características mentales de cada persona. Sin embargo, con la técnica adecuada y llevada a cabo por un experto, puede resultar muy poderosa a la hora de tratar dolencias, ansiedad y estrés, entre otros.

Otro de los grandes mitos habla de los efectos secundarios de la hipnosis, pero, hasta la fecha, no se conoce ningún efecto secundario ni ningún mal asociado a la hipnosis. Es imposible quedarse «bloqueado» en estado hipnótico o que ocurra un problema mental reseñable. Al fin y al cabo, el quid principal de la hipnosis es la atención. Y esta se puede redirigir sin ningún perjuicio.

Temática sugerida por: Yerko.H, Isabel Gutiérrez y Bb.s

Fuentes: