Sáb. Nov 16th, 2019

Una gran pérdida para la ciencia: Stephen Hawking

El día de ayer el mundo de la ciencia vivió un hecho lamentable: Stephen Hawking, el famoso físico británico, considerado uno de los científicos más importantes desde Albert Einstein, moría a los 76 años.

Nacido en Oxford, Reino Unido, el 8 de enero de 1942, hijo de un biólogo, el joven Hawking pronto destacó en los estudios. Tenía una vida feliz y le encantaba la equitación pero a los 21 años su vida cambiaría para siempre: fue diagnosticado de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa que lo dejó postrado en una silla de ruedas.

Cuando le fue comunicada su enfermedad estaba planeando su boda con su primera esposa, Jane Wilde. Aunque los especialistas aseguraron en aquél entonces que no viviría más de dos años, se equivocaban: “El compromiso me salvó la vida. Me dio una razón para vivir”, explicó él mismo tiempo más tarde.

Trabajador incansable, a pesar de su enfermedad, no había dejado de desarrollar teorías, escribir libros y acudir a eventos públicos y conferencias.

Capaz de resolver complejos cálculos solo con la mente, ya que no podía escribir tras perder la movilidad en los brazos, es el creador de tesis revolucionarias.

Su primer gran avance llegó a finales de los años 60 cuando llegó a la conclusión, a partir de las ecuaciones de la teoría de la relatividad general de Einstein, de que el Universo se inició con una singularidad, es decir, una región de curvatura infinita en el espacio-tiempo.

A partir de 1973, aplicó la física cuántica al estudio de los agujeros negros. En contra de la opinión dominante en la época, demostró que los agujeros negros no eran pozos de los que nada puede escapar sino que deben emitir un tipo de radiación que ha sido llamada radiación de Hawking.

El estudio de los agujeros negros permitió a Hawking explorar un terreno desconocido de condiciones extremas en el que confluyen la teoría de la relatividad y la física cuántica, las dos grandes teorías de la física del siglo XX que, pese a los esfuerzos por reconciliarlas, permanecen separadas como agua y aceite. Por estas contribuciones Hawking fue reconocido como uno de los cosmólogos más importantes de su tiempo, por lo que ha recibido –entre otros- el premio Albert Einstein en 1978, el Wolf en 1988, el de Física Fundamental en 2013 o el Fronteras BBVA en 2015.

Pero la fama le llegó, no por sus trabajos de cosmología, sino a partir de la publicación de su libro Breve historia del tiempo en 1988. La obra ha vendido más de 10 millones de ejemplares en el mundo y se ha traducido a 35 idiomas. Permaneció durante 237 semanas –más de cuatro años y medio- en la lista de libros más vendidos del Sunday Times, lo que le valió entrar en el libro Guinness de los Récords.

Ciudadanos de todo el mundo se sintieron fascinados por aquella mente brillante que no se había rendido ante la adversidad y que les hablaba de la grandeza del Universo desde una silla de ruedas y a través de un ordenador. Nunca presentó su enfermedad como una limitación sino como una circunstancia a la que se había ido adaptando.

En la siguiente imagen Eddie Redmayne como Stephen Hawking

Sobre la muerte, dijo: “veo el cerebro como un ordenador que dejará de trabajar cuando sus componentes fallen. No hay paraíso ni vida después de la muerte para ordenadores estropeados. Eso es un cuento de hadas para personas que temen a la oscuridad”.

La película “La teoría del todo”, ganadora de un óscar por mejor actor, relata cómo era la vida del científico antes y después de su enfermedad. Es una película que nos deja una gran enseñanza y admiración por este personaje.

“Estamos profundamente entristecidos por la muerte de nuestro padre en el día de hoy. Fue un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado vivirán para siempre. Su valentía y su persistencia, así como su brillantez y sentido del humor han inspirado a millones de personas en todo el mundo. Una vez nos dijo: ‘No sería un universo tan interesante si no fuera además el hogar de la gente que amo’. Le echaremos de menos”, por Robert, Lucy y Timothy Hawking, los tres hijos del físico y de su primera esposa Jane Wilde.

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