sáb. Ago 17th, 2019

El deporte de combate más peligroso

Muchos consideran que los deportes que mencionaré en esta publicación no deben ser llamados deportes ya que se daña la integridad física del oponente, pero son deportes al fin y al cabo (y muy famosos por lo demás).

Historiales médicos de los participantes de diversos deportes, ha concluido que, cuando se trata de lesiones graves, el boxeo es el deporte de combate más peligroso del mundo.

El otro deporte más peligroso sería el MMA (Artes marciales mixtas), según han podido comprobar en un estudio con los historiales médicos de estos deportes de los últimos diez años.

Para confirmar esto, los investigadores afirman que los practicantes del boxeo tienen un porcentaje del 7,1% de perder la conciencia en el combate por un golpe, comparado con el 4,2% del MMA. También, los boxeadores tienen tres veces más probabilidades de sufrir lesiones oculares graves, como el desprendimiento de retina.

Por otro lado, el MMA es el deporte donde más se sangra, siendo el que más casos de contusiones, narices sangrantes y cortes que existe.

A su vez, el kickboxing es el deporte donde más se pueden encontrar lesiones faciales, donde el 85% son referentes a narices rotas. Y en el muay thai, el 93% de las lesiones son relacionadas con cortes en la cara.

Aunque las heridas superficiales puedan traer consecuencias inmediatas como las cicatrices, y los golpes pueden provocar patologías graves en el momento del impacto (desprendimiento de retina, como hemos comentado antes), lo grave del asunto se encuentra a la hora de hablar de secuelas a largo plazo.

Pero volviendo al tema, ¿por qué el boxeo es el más peligroso?

Esto es considerado así porque al caer al suelo inconsciente tras recibir una paliza, puede ser la experiencia más cercana a la muerte, dejando al individuo sin la capacidad de responder.

Además, en estas competiciones se agrupan por pesos, por ende, los contendientes hacen todo lo posible para que en el momento de la medición oficial éste sea lo más bajo posible, de manera que puedan luchar contra oponentes más ligeros y, por tanto, más débiles. Esto lleva a muchos a afrontar dietas muy poco recomendables, en ocasiones con productos químicos de eficacia a corto plazo, pero efectos cuestionables a lo largo de los años.