dom. Sep 22nd, 2019

Desastre de Toba, el peor dia que tuvo la humanidad

Hace unos 75-70.000 años se produjo el llamado evento de Toba, la erupción de un supervolcán en Indonesia, la misma alcanzó una magnitud 8 o Mega Colosal, siendo el único episodio de este tipo que hemos vivido como especie. Las consecuencias de dicha erupción fueron devastadoras.

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Aquel año, la primavera no llegó. Y tampoco lo hizo el verano. Las flores no salieron y los árboles perecieron en una especie de invierno perpetuo. Grandes mamíferos como el antílope se volvieron más y más delgados, hasta morir de hambre. Los depredadores, incluidos los humanos, se quedaron sin presas a las que cazar.

La comida escaseaba en todo el mundo. El cielo pintado en tono gris se volvió eterno. Únicamente se iluminaba, de rojo, por la noche. Y no fue solo un año. El desalentador ciclo se extendió de una estación a otra durante más de una década. Hace 74.000 años, la Tierra estuvo al borde del caos por la erupción de un super volcán, el Monte Toba, situado en lo que hoy en día es Indonesia.

Hace aproximadamente 74.000 mil años, tuvo lugar el estallido volcánico más intenso de los últimos 25 millones de años. Correspondió a una explosión nivel 8, según el Índice de Explosividad Volcánica, lo que corresponde a una Explosión Supervolcánica, que el mismo Índice describe como “mega-colosal” o “apocalíptica”. Como para que nos vayamos haciendo una idea.

Esta explosión desplazó aproximadamente 2 mil 800 kilómetros cúbicos de materia, de los cuales 800 km3 fueron en forma de cenizas y dejó un cráter de 100 km de largo por 35 km de ancho, lo que hoy es el mayor lago volcánico del mundo. El flujo de lava destruyó 20 mil kilómetros cuadrados alrededor del volcán y dejó en sus cercanías un manto de ceniza de 600 metros de altura (más de dos veces el cerro San Cristobal). Fue 100 veces más poderosa que la explosión del Monte Tambora en 1816, llamado el “año sin verano” por el invierno volcánico que siguió, debido a que las cenizas eran tan densas, que no dejaban pasar el sol lo que provocó la destrucción de las cosechas de Euroasia y America del Norte y provocó hambre y migraciones masivas.

En las primeras 24 horas tras su erupción, 12.000 personas murieron por la lluvia de cenizas y restos piroclásticos. Otras 75.000 personas murieron en las semanas y meses siguientes a causa del hambre y enfermedades ocasionadas por la erupción. Pero lo peor aún estaba por llegar: 55 millones de toneladas de azufre fueron arrojadas a la atmósfera, provocando lluvias ácidas y la dispersión de las partículas por todo el aire terrestre, creando un manto que, más allá de provocar coloridas y bucólicas puestas de sol, crearon un freno a la penetración de los rayos solares en la superficie terrestre, provocando un enfriamiento del planeta.

Para darnos otra perspectiva, consideremos lo siguiente: el Monte Santa Helena liberó el equivalente a 24 megatones de energía y desplazó un kilómetro cubico de materia. La explosión en Toba desplazó 3 mil veces ese material, por lo que podemos asumir que fue 3 mil veces más potente. Al multiplicar 24 por 3 mil, obtenemos una cifra de 72.000 megatones o 4 millones 800 mil bombas de Hiroshima desencadenadas por la explosión de Toba (la bomba de Hiroshima era de “solo” 0,015 megatones).

Se sospecha, además, que liberó 10 mil millones de toneladas de ácido sulfúrico, y 6 mil millones de toneladas de dióxido de azufre en la atmósfera. Además, depositó una capa de cenizas desde el Mar de Arabia, hasta el Mar de China, o sea, en un radio de al menos 6 mil kilómetros.

La explosión o evento de Toba habría producido un invierno volcánico de al menos 6 años de duración. Este invierno se caracterizó por una disminución de las temperaturas medias de entre 3 y 5 grados Celsius en las latitudes más bajas, y de hasta 15 grados más cerca de los polos. Esto es más frío que el máximo glacial ocurrido hace unos 20 mil años atrás. En efecto, para que una explosión volcánica afecte el clima mundial, sus cenizas deben alcanzar al menos 17 Km. de altura. Es probable que las cenizas de la explosión de Toba alcanzaran el doble de esa altura (reduciendo la luz solar entre un 25 y un 90%).

Asimismo, se produjo una disminución del isótopo O18 en el agua por al menos mil años, lo que nos habla de que la temperatura del planeta disminuyó al menos por un milenio en la época de la erupción, y que nos habla, además, de una enorme sequía global que duró aproximadamente ese tiempo. Mediciones de calcio atmosférico, muestran que los vientos de todo el planeta tuvieron cenizas en suspensión por al menos 200 años.

Asimismo, según diversos modelos, la población vegetal habría disminuido sustancialmente. Según el análisis de polen de la época, aparentemente tras el evento, un clima estepárico se extendió por buena parte de Asia, y todo el sudeste asiático quedó cubierto en una capa de al menos 15 cm. de ceniza.

Para resumir, podemos decir que nuestro planeta habría tenido al menos por unos siglos, las temperaturas más frías en los últimos cien mil años, comparables o más heladas que la peor época del actual ciclo glacial, con un clima estepárico que se extendió masivamente, y una sequía mundial que duró cientos de años. Asimismo, disminuyeron las fuentes alimenticias de forma dramática, al desaparecer grandes cantidades de plantas y, por ende, de animales que no tenían de qué alimentarse. Ese sería, entonces, el panorama que enfrentaba la humanidad, tras la catástrofe de Toba.

Sequía de siglos, acompañada por un frío más grande que el peor de la era del hielo, sin verano por al menos seis años, y con una disminución catastrófica del número de plantas. No parece ser un panorama muy alentador.

Y no lo fue.

Se ha establecido que antes de la explosión del volcán, en la edad de piedra tardía, la población humana se contaba entre las 100 mil y las 300 mil personas. Sin embargo, alrededor de la época en que el volcán estalló, la población humana había descendido a entre solo 2 mil y las 10 mil personas, alrededor de un 3% de la cantidad original, cantidad lo suficientemente reducida como para haber considerado a la humanidad, según los estándares utilizados hoy en día para catalogar a las especies animales, bajo la denominación de “especie en peligro de extinción”. Es fácil pensar que esta dramática reducción de habitantes (toda la humanidad cabía en un pequeño estadio), se debió a la radical disminución de recursos disponibles para sostener la vida.

Y es en esas condiciones, que se produjo una migración clave en la historia de la humanidad, llamada la migración de “salida de África”. Entre 150 y mil personas (una enorme proporción de los humanos que quedaban vivos, si lo pensamos bien), decidió que ya tenían bastante con esta tenebrosa y apocalíptica situación, y consideraron que en otras tierras quizás encontrarían más recursos. Así que cruzaron el mar Rojo hacia Arabia, y luego se fueron paulatinamente extendiendo por el mundo, poblándolo. Sí, esas poquísimas personas a oscuras, con hambre, que fácilmente cabrían dentro de un gimnasio grande… eran nuestros antepasados. Los antepasados de todos quienes habitamos fuera de África. Todo por un volcán.

Fuentes: eldefinido.cl, elespanol.com y lavanguardia.com

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