mié. Sep 18th, 2019

La peste negra, la epidemia más mortífera de Europa

Entre 1346 y 1347 estalló la mayor epidemia de peste de la historia de Europa

A mediados del siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la mayor epidemia de peste de la historia de Europa. Desde entonces la peste negra se convirtió en una inseparable compañera de viaje de la población europea, hasta su último brote a principios del siglo XVIII.

Pero la peste tuvo un impacto pavoroso: por un lado, era un huésped inesperado, desconocido y fatal, del cual se ignoraba tanto su origen como su terapia; por otro lado, afectaba a todos, sin distinguir apenas entre pobres y ricos. Quizá por esto último, porque afectaba a los mendigos, pero no se detenía ante los reyes, tuvo tanto eco en las fuentes escritas, en las que encontramos descripciones tan exageradas como apocalípticas.

Sobre el origen de las enfermedades contagiosas circulaban en la Edad Media explicaciones muy diversas. Algunas, heredadas de la medicina clásica griega, atribuían el mal a los miasmas, es decir, a la corrupción del aire provocada por la emanación de materia orgánica en descomposición, la cual se transmitía al cuerpo humano a través de la respiración o por contacto con la piel. Hubo quienes imaginaron que la peste podía tener un origen astrológico –ya fuese la conjunción de determinados planetas, los eclipses o bien el paso de cometas– o bien geológico, como producto de erupciones volcánicas y movimientos sísmicos que liberaban gases y efluvios tóxicos.

La Iglesia y los moralistas creyeron que la Peste Negra era una manifestación de la ira de Dios por los pecados del hombre, por lo que reclamaron una renovación moral de la sociedad. Una de las propuestas, fue una especie de limpieza a través del dolor.

Otra consecuencia, en muchos lugares de Europa se iniciaron pogromos judíos y una extinción local de comunidades judías ya que se les acusó como los causantes de la epidemia por medio de la intoxicación y el envenenamiento de pozos.

De las ratas al hombre

Únicamente en el siglo XIX se superó la idea de un origen sobrenatural de la peste. Fue así como los bacteriólogos Kitasato y Yersin, de forma independiente, descubrieron que el origen de la peste era la bacteria Yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y a otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, en especial las pulgas (chenopsylla cheopis), las cuales inoculaban el bacilo (bacteria de forma cilíndrica alargada) a los humanos con su picadura. El contagio era fácil porque ratas y humanos estaban presentes en graneros, molinos y casas, circulaban por los mismos caminos y se trasladaban con los mismos medios, como los barcos.

La bacteria rondaba los hogares durante un período de entre 16 y 23 días antes de que se manifestaran los primeros síntomas de la enfermedad. Transcurrían entre tres y cinco días más hasta que se produjeran las primeras muertes, y tal vez una semana más hasta que la población no adquiría conciencia plena del problema en toda su dimensión. La enfermedad se manifestaba en las ingles, axilas o cuello, con la inflamación de alguno de los nódulos del sistema linfático acompañada de supuraciones y fiebres altas que provocaban en los enfermos escalofríos, rampas y delirio; el ganglio linfático inflamado recibía el nombre de bubón o carbunco, de donde proviene el término «peste bubónica».

La forma de la enfermedad más corriente era la peste bubónica primaria, pero había otras variantes: la peste septicémica, en la cual el contagio pasaba a la sangre, lo que se manifestaba en forma de visibles manchas oscuras en la piel –de ahí el nombre de «muerte negra» que recibió la epidemia–, y la peste neumónica, que afectaba el aparato respiratorio y provocaba una tos expectorante que podía dar lugar al contagio a través del aire. La peste septicémica y la neumónica no dejaban supervivientes.

Origen y propagación

La peste negra de mediados del siglo XIV se extendió rápidamente por las regiones de la cuenca mediterránea y el resto de Europa en pocos años. Apareció hacia 1320 en el desierto de Gobi y en 1331-1334 llegó a China, un año después de que grandes inundaciones devastaran extensas regiones del país.

Comenzó a afectar a los países asiáticos y debido a que comerciaban con el resto de Europa, era fácil que la epidemia se extendiese a todos los rincones de Europa.

Los indicios sugieren que la plaga fue, ante todo, de peste bubónica primaria. La transmisión se produjo a través de barcos y personas que transportaban los fatídicos agentes, las ratas y las pulgas infectadas, entre las mercancías o en sus propios cuerpos, y de este modo propagaban la peste, sin darse cuenta, allí donde llegaban. Las grandes ciudades comerciales eran los principales focos de recepción. Desde ellas, la plaga se transmitía a los burgos y las villas cercanas, que, a su vez, irradiaban el mal hacia otros núcleos de población próximos y hacia el campo circundante, por los que la peste se propagaba a través de las rutas marítimas, fluviales y terrestres del comercio internacional, así como por los caminos de peregrinación.

La medicina no consiguió hacer nada y no encontraba una explicación a este hecho, y muchos médicos fueron infectados al atender a sus pacientes. Se tomó como una medida aislar a los pacientes infectados durante un periodo de cuarenta días (de donde proviene el término de cuarentena) y hasta entonces, cuando consideraban que ya no era peligroso, entraban en contacto con él. Lo mismo hicieron con aquellos barcos donde había algún tripulante enfermo, les dejaban cuarenta días en alta mar y si había algún superviviente le dejaban volver.

En cuanto al número de muertes causadas por la peste negra, los estudios recientes arrojan cifras espeluznantes. El índice de mortalidad pudo alcanzar el 60% en el conjunto de Europa, ya como consecuencia directa de la infección, ya por los efectos indirectos de la desorganización social provocada por la enfermedad, desde las muertes por hambre hasta el fallecimiento de niños y ancianos por abandono o falta de cuidados.

En términos absolutos, los 80 millones de europeos quedaron reducidos a tan sólo 30 entre 1347 y 1353.

Durante los decenios que siguieron a la gran epidemia de 1347-1353 se produjo un notorio incremento de los salarios, a causa de la escasez de trabajadores. Hubo, también, una fuerte emigración del campo a las ciudades, que recuperaron su dinamismo. En el campo, un parte de los campesinos pobres pudieron acceder a tierras abandonadas, por lo que creció el número de campesinos con propiedades medianas, lo que dio un nuevo impulso a la economía rural. Así, algunos autores sostienen que la mortandad provocada por la peste pudo haber acelerado el arranque del Renacimiento y el inicio de la «modernización» de Europa.

¿Cómo se propago tan rápido?

Tras vivir un periodo, a partir del siglo XI, de prosperidad donde el clima acompañaba a las cosechas, dando unos excelentes productos. Se duplica y triplica la población de los núcleos más importantes como París o Florencia, es una época de prosperidad hasta que en el Siglo XIV, el clima aliado antes, se torna en destructor.

Un cambio en las condiciones climatológicas, provoca la pérdida de las cosechas, dejando un paisaje de hambruna desolador, los precios se elevaron, por lo que los más pobres y los modestos campesinos, no llegaban a ingerir ni una alimentación mínima, lo que debilitaba su organismo y su sistema inmunológico.

Además, en la época medieval uno de los depredadores más importantes de las ratas salvajes era el gato. Los felinos eran muy valorados, pero todo cambió de un momento a otro y el gato pasó de ser un animal hogareño a ser temido, odiado y perseguido, sobre todo aquellos de color negro.

Recordando que en la edad media la Iglesia Católica fue la entidad más poderosa y que las masas se consumieron con la presencia del mal y la erradicación de cualquier forma que este pudiese tomar, cualquier decisión eclesiástica tenía una profunda influencia sobre la vida cotidiana. A fines del siglo XII, al sur de Francia comenzó lo que fue la primera Inquisición. Se trataba de tribunales formados por religiosos con el fin de combatir la herejía y la brujería.

Al mismo tiempo que esto ocurría comenzó a observarse al gato como un animal sospechoso de confabular contra las autoridades. Estas sospechas se basaron en parte al desconocimiento de la fisiología del gato. Por otra parte, muchos de ellos eran asociados a las llamadas “brujas” y a actos de brujería. El primer paso para condenar al animal tuvo lugar a comienzos del siglo XIII de la mano del papa Gregorio IX, quien en una de sus bulas (documentos) realizó una asociación entre los gatos y el diablo. Fue así que tanto la religión católica como los ciudadanos en general condenaron a estos animales y lentamente comenzaron a exterminar, en muchos casos, mediante tortura y fuego, tanto a las brujas como a la representación del mal: los gatos negros.

Según las fuentes consultadas, basándose en las supersticiones y decisiones eclesiásticas, con el correr de los años se mataron a casi la totalidad de gatos y a cientos de miles de mujeres acusadas de brujas, entre muchos otros acusados de herejía. Algunos textos señalan que los gatos llegaron casi a desaparecer. Como consecuencia de la gran matanza de gatos, y sin falla de los principios ecológicos, hubo una enorme proliferación de roedores sobre todo de “la rata negra” transmisora, a través de la pulga, de la letal peste negra.

¿Cómo afecta el cambio climático a las diversas apariciones de la peste negra en Europa?

La peste negra se repitió en Europa en sucesivas oleadas hasta el último brote a principios del siglo XIX, pero ninguno de los brotes posteriores alcanzó la gravedad de la epidemia de 1347. Hasta ahora se pensaba que después de su introducción desde Asia, la enfermedad persistió en Europa en reservorios de roedores locales, desde donde causó los sucesivos brotes epidémicos posteriores hasta su desaparición. Sin embargo, un reciente trabajo publicado en la revista PNAS, sugiere que las epidemias de peste posteriores fueron debidas a reintroducciones de la enfermedad desde Asia, en vez de a reservorios de la bacteria en ratas locales. Es decir, la bacteria fue reintroducida en varias ocasiones en Europa, lo que originó las distintas epidemias de peste y que la enfermedad persistiera en Europa durante 400 años.

Además, esto fue causado por pequeños cambios climáticos en Asia: ciclos de primaveras húmedas y veranos cálidos seguidos de repentinos periodos secos y fríos en Asia Central que acabaron con la mayoría de los jerbos portadores de las pulgas y que forzaron a las pulgas a buscar otros hospedadores alternativos, como humanos, camellos o ratas.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores han relacionado datos epidemiológicos de más de 7700 brotes de peste que ocurrieron en Europa entre 1346 y 1837, con datos históricos del clima obtenidos del análisis de los anillos del tronco de enebros en Europa y Asia Central, junto con datos de las rutas de comercio marítimo entre Asia y Europa en aquellas épocas.

Fuentes: