dom. Abr 21st, 2019

Los médicos de la peste negra

Un médico de la peste negra era un médico especialista que trataba a aquellos que padecían de la peste.

Eran específicamente votados por pueblos que tenían muchas víctimas de la peste en tiempos de epidemia. Debido a que la ciudad era la que pagaba su salario, ellos cuidaban de todos los ciudadanos tanto a ricos como a pobres.

Estos médicos no eran profesionales con instrucción tradicional como otros médicos o cirujanos experimentados, y en muchos casos eran doctores de segunda categoría que no habían podido establecerse exitosamente en la profesión o médicos jóvenes que estaban tratando de hacerse camino.

Los doctores de la peste trataban a los pacientes según su acuerdo y eran conocidos como médicos municipales o comunitarios “de la peste negra”, mientras que los “médicos generales” eran doctores separados y podían estar en la misma ciudad o pueblo europeo al mismo tiempo. En Francia y los Países Bajos los médicos de la peste negra muchas veces no tenían ningún entrenamiento formal como médicos y eran conocidos como “empíricos”. En un caso, uno de estos doctores había sido vendedor de frutas antes de dedicarse a la medicina. Su principal tarea, además de cuidar de las víctimas de la peste, era anotar en los registros públicos las muertes debido a la peste.

Cuando las oleadas de peste diezmaban Europa, muchas personas se dedicaban al saqueo de los hogares que quedaban sin mayores a cargo. Los que eran médicos huían antes que los pacientes, pues sabían lo que se venía. Otros se la agarraban con víctimas propiciatorias acusadas de causar la desgracia, que en general eran las minorías de cada país, o las brujas, o los herejes.

Los microbios no se conocían y la superstición se superponía a la investigación, de manera que hasta las academias explicaban la aparición de la peste a cosas tan disparatadas como la conjunción de los astros y la mala reputación de Marte, Júpiter y Saturno.

Aunque no conocían la causa, les quedaba claro el contagio, directo o indirecto. Aunque fueras sacerdote o noble, la podías contraer, no era un padecimiento exclusivo de los pobres… pero si no estabas en contacto con enfermos, era probable que no la padecieras. De manera que los médicos para atender a los enfermos debían vivir aislados del resto de la población y despedirse de sus familiares y amigos. Esa terrible exigencia era compensada con un contrato que les brindaba salario y regalías, a cambio del riesgo que tomaban y los perjuicios que sufrían. Además de esto, se les permitía realizar autopsias, las cuales normalmente estaban prohibidas en Europa Medieval, para poder realizar investigaciones para encontrar una cura para la plaga.

Muchos de estos médicos tomaban precauciones para atender sus pacientes. Se vestían con una larga túnica de cuero, guantes y sombrero de ala ancha. En su mano llevaban un bastón que usaban para remover pacientes evitando en lo posible el contacto físico pero lo más sorprendente es el segundo uso que tenía ese bastón. Muchos pacientes entendían que estaban sufriendo un castigo de Dios por sus pecados y entonces le pedían al médico que les pegara con ese bastón como parte de su arrepentimiento.

Pero lo más característico del uniforme del médico de la peste, era la máscara con su largo pico aviar. También tenía cristales para proteger los ojos y el galeno respiraba a través de ese pico para filtrar las miasmas, malos olores… o lo que fuera que andaba en el aire o en la proximidad de los agonizantes pacientes. También los protegía de los frecuentes estallidos de las pústulas bubónicas. En el pico se ponían y se renovaban con frecuencia, trozos de ámbar gris, hojas de menta, mirra, láudano, pétalos de rosa, alcanfor, clavo de olor y todo lo que al médico le pareciera que podía neutralizar toda esa maldad que había en el aire. En aquel tiempo se pensaba que la peste se contagiaba por vía aérea y que penetraba en el cuerpo por los poros de la piel.

Otra de las razones por las que tenía esa forma era por que el pico impedía que el doctor se acercase al aliento del infectado.

Será extraña, exagerada y tétrica, pero si lo piensas mejor, resulta que esa máscara equivale al tapabocas que hoy usan todos los profesionales de la salud, para protegerse de los pacientes y para proteger al mismo paciente de los gérmenes que ellos pueden portar inadvertidamente. De los guantes de goma se podría decir lo mismo.

Para tratar a los enfermos hacían sangrías (sacar sangre para hacer limpieza), utilizaban sapos y sanguijuelas en los bubos cada día, aunque no surtía mucho efecto.

El doctor de la peste más famoso fue Nostradamus, el cual daba consejos como eliminar cuerpos infectados, tomar aire fresco, tomar agua limpia, beber un jugo preparado con escaramujos y no sangrar al paciente. Nostradamus fue un referente para detener la pandemia de la peste negra.

Médicos y pacientes estaban sometidos a cuarentena; es decir, no podían volver a una vida normal hasta que transcurrieran cuarenta días sin dar señales de contagio. El “uniforme” había sido inventado por Charles de L’Orme en 1619 y se utilizó por primera vez en París, antes de difundirse por toda Europa. Existía la creencia de que la enfermedad la transmitían los pájaros, por lo que la forma de ave de la máscara hacía que se alejaran del que la llevaba. Lo que ellos no sabían era que los pájaros eran inmunes a ese tipo de bacteria.

Venecia fue una de las ciudades donde adquirió más y más tétrica fama el uniforme de los médicos. También fue una de las ciudades más castigada por la peste y de más aterradoras prácticas para desprenderse de los enfermos. Bastaba que alguien estornudara para que lo embarcaran junto con moribundos hacia la isla Poveglia y otras de la Laguna de Venecia, donde los abandonaban para que murieran en el más atroz desamparo. Quizás fue por esa falta de misericordia que, de los dieciocho médicos contratados en 1348 solo quedara uno. Doce desaparecieron y no se descarta que hayan huido empavorecidos, en tanto que los otros cinco habían muerto.

Fuentes: viajes.elpais.com.uy, es.wikipedia.org y efesalud.com

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