lun. Oct 14th, 2019

¿Quién fue: Nicolás Copérnico?

Además de las múltiples profesiones, Nicolás Copérnico fue un astrónomo connotado por sus grandes aportes en la astronomía, como la teoría heliocéntrica.

Nicolás Copérnico fue un famoso astrónomo en la época del renacimiento y quien formuló la teoría heliocéntrica del sistema solar, interpretada inicialmente por Aristarco de Samos. Nació en Frombork, Polonia, el 19 de febrero de 1473, hijo de Niklas Koppernigk y Bárbara Watzenrode los cuales contaban un alto nivel socioeconómico. A la edad de 10 años Nicolás quedaría huérfano por lo que su tío materno Lucas Watzenrode quien fue canónigo y posteriormente obispo de la región de Warmia quedaría a cargo de él.

La época de estudiante de Copérnico seria orientada hacia el campo clerecíal en la escuela Catedralicia de Wloclawek, esta orientación es influenciada por su tío, quien también había tenido este tipo de formación.

Entre los años 1491 y 1494 realizó algunos estudios universitarios en la universidad de Cracovia motivado por su tío, sin embargo, en 1496 se trasladó a la universidad de Bolonia donde realizó carreras de derecho, medicina, griego, filosofía y a su vez trabajaba como asistente del conocido astrónomo Domenico da Novara.

Finalizando el año 1499, Copérnico termina sus estudios universitarios en la universidad de Bolonia y viajó a Roma a comienzos del año 1500 donde realizó un curso de ciencias y astronomía en el cual adquirió numerosos conocimientos para la formulación de sus teorías.

Copérnico regresó a su país natal en el año de 1501 para ser nombrado canónigo de la catedral de Frauenburg, cargo concebido gracias a la ayuda de su tío Lucas; a pesar de tener este cargo, el astrónomo siempre se motivó a complementar sus estudios por lo que nuevamente viajó a Italia en a realizar estudios complementarios de derecho y medicina en la ciudad de Padua, haciendo también un paso por Ferrara donde obtuvo el título de doctor en derecho canónico en el año 1503.

Para el año 1523 Copérnico se radicó definitivamente en su país natal, en donde dedicó su tiempo a la administración de la diócesis de Warmia, logró ejercer la medicina, desempeño algunos cargos administrativos y empezó el desarrollo de su gran trabajo de campo de astronomía.

Hacia 1507, Copérnico elaboró su primera exposición de un sistema astronómico heliocéntrico en el cual la Tierra orbitaba en torno al Sol, en oposición con el tradicional sistema tolemaico, en el que los movimientos de todos los cuerpos celestes tenían como centro nuestro planeta.

Una serie limitada de copias manuscritas del esquema circuló entre los estudiosos de la astronomía, y a raíz de ello Copérnico empezó a ser considerado como un astrónomo notable; con todo, sus investigaciones se basaron principalmente en el estudio de los textos y de los datos establecidos por sus predecesores.

En 1536, el cardenal Schönberg escribió a Copérnico desde Roma urgiéndole a que hiciera públicos sus descubrimientos. Por entonces Copérnico ya había completado la redacción de su gran obra, Sobre las revoluciones de los orbes celestes, un tratado astronómico que defendía la hipótesis heliocéntrica.

El texto se articulaba de acuerdo con el modelo formal del Almagesto de Tolomeo, del que conservó la idea tradicional de un universo finito y esférico, así como el principio de que los movimientos circulares eran los únicos adecuados a la naturaleza de los cuerpos celestes; pero contenía una serie de tesis que entraban en contradicción con la antigua concepción del universo, cuyo centro, para Copérnico, dejaba de ser coincidente con el de la Tierra, así como tampoco existía, en su sistema, un único centro común a todos los movimientos celestes.

Consciente de la novedad de sus ideas y temeroso de las críticas que podían suscitar al hacerse públicas, Copérnico no llegó a dar la obra a la imprenta. Su publicación se produjo gracias a la intervención de un astrónomo protestante, Georg Joachim von Lauchen, conocido como Rheticus, quien visitó a Copérnico de 1539 a 1541 y lo convenció de la necesidad de imprimir el tratado, de lo cual se ocupó él mismo. La obra apareció pocas semanas antes del fallecimiento de su autor; iba precedida de un prefacio anónimo, obra del editor Andreas Osiander, en el que el sistema copernicano se presentaba como una hipótesis, a título de medida precautoria y en contra de lo que fue el convencimiento de Copérnico.

La teoría heliocéntrica

El modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico fue una aportación decisiva a la ciencia del Renacimiento. La concepción geocéntrica del universo, teorizada por Tolomeo, había imperado durante catorce siglos: el Almagesto de Tolomeo era un desarrollo detallado y sistemático de los métodos de la astronomía griega, que establecía un cosmos geocéntrico con la Luna, el Sol y los planetas fijos en esferas girando alrededor de la Tierra.

Con Copérnico, el Sol se convertía en el centro inmóvil del universo, y la Tierra quedaba sometida a dos movimientos: el de rotación sobre sí misma y el de traslación alrededor del Sol. No obstante, el universo copernicano seguía siendo finito y limitado por la esfera de las estrellas fijas de la astronomía tradicional.

Si bien le cabe a Copérnico el mérito de iniciar la obra de destrucción de la astronomía tolemaica, en realidad su objetivo fue muy limitado y tendía sólo a una simplificación del sistema tradicional, que había llegado ya a un estado de insoportable complejidad. En la evolución del sistema tolemaico, el progreso de las observaciones había hecho necesarios unos ochenta círculos (epiciclos, excéntricos y ecuantes) para explicar el movimiento de siete planetas errantes, sin aportar, pese a ello, previsiones lo suficientemente exactas. Dada esta situación, Copérnico intuyó que la hipótesis heliocéntrica eliminaría muchas dificultades y haría más económico el sistema; bastaba con sustituir la Tierra por el Sol como centro del universo, manteniendo intacto el resto del esquema.

Este componente metafísico se manifiesta en al menos tres aspectos. En primer lugar, Copérnico conectó con la tradición neoplatónica de raíz pitagórica, tan querida por la escuela de Marsilio Ficino, al otorgar al Sol una posición inmóvil en el centro del cosmos. Éste era el lugar que realmente le correspondía por su naturaleza e importancia como fuente suprema de luz y vida.

En segundo lugar, el movimiento copernicano de planetas se asentaba sobre un imperativo geométrico. Copérnico seguía pensando que los planetas, al moverse alrededor del Sol, describían órbitas circulares uniformes. Este movimiento circular resultaba naturalmente de la esfericidad de los planetas, pues la forma geométrica más simple y perfecta era en sí misma causa suficiente para engendrarlo.

Por último, el paradigma metafísico copernicano se basaba en la íntima convicción de que la verdad ontológica de su sistema expresaba a la perfección la verdadera armonía del universo. Es notable que Copérnico justificase su revolucionario heliocentrismo con la necesidad de salvaguardar la perfección divina (y la belleza) del movimiento de los astros.

Pero la importancia de la aportación de Copérnico no se agota en una contribución más o menos acertada a la ciencia astronómica. La estructura del cosmos propuesta por Copérnico, al homologar la Tierra con el resto de los planetas en movimiento alrededor del Sol, chocaba frontalmente con los postulados escolásticos y filosóficos de la época, que defendían la tradicional oposición entre un mundo celeste inmutable y un mundo sublunar sujeto al cambio y al movimiento. De este modo, las tesis de Copérnico fueron el primer paso en la secularización progresiva de las concepciones renacentistas, que empezaron a buscar una interpretación natural y racional de las relaciones entre el universo, la Tierra y el hombre. Se abría la primera brecha entre ciencia y magia, astronomía y astrología, matemática y mística de los números.

Las profundas implicaciones del nuevo sistema alcanzaban así a la metodología científica en su conjunto, y también a la mentalidad y a las convicciones religiosas y filosóficas de toda una época. Tal y como lo resume el moderno historiador de la ciencia Thomas Kuhn (La revolución copernicana, 1957), al final de este proceso, los hombres, “convencidos de que su residencia terrestre no era más que un planeta girando ciegamente alrededor de una entre miles de millones de estrellas, valoraban su posición en el esquema cósmico de manera muy diferente a la de sus predecesores, quienes en cambio consideraban a la Tierra como el único centro focal de la creación divina”. De ahí que, cinco siglos después, la lengua siga reteniendo la expresión giro copernicano para designar un cambio de magnitudes drásticas en una situación o modo de pensar.

Sin duda el legado dejado por Nicolás Copérnico es único ya que es considerado como el pionero de la astronomía moderna, además aporto bases que le sirvieron a Newton para culminar la revolución astronómica al pasar de un universo geocéntrico a un cosmos heliocéntrico. Entonces lo que es conocido como revolución Copernicana hace referencia a la formulación de la teoría Heliocéntrica, la cual plantea que la tierra y otros planetas giran alrededor del sol.

Temática sugerida por: AJ KG Superior

Fuentes: