vie. Ago 23rd, 2019

Animales sin cerebro

Si te pregunto por un animal, probablemente los primeros que se te vendrán a la mente serán los mamíferos, como el tigre, el león, un oso, un gato o un perro; si te pregunto por un reptil, en tu mente vendrá la imagen de un cocodrilo o una serpiente, y así podemos seguir, pero ¿qué pasa si te pregunto por animales sin cerebro?

Si eres conocedor de las faunas en general entonces habrás dicho las medusas, y estás en lo correcto, pero y ¿si te pregunto por otro?

Espero que no hayas pensado en el pulpo solo por estar en la portada, es solo una imagen para no hacer “spoiler” del contenido.

Es por eso que en ésta oportunidad mencionaremos 5 animales sin cerebro:

1.- Medusa

El más famoso, espeluznante y prehistórico es la medusa.

En lugar de un cerebro, estos increíbles animales tienen lo que se conoce como una red neuronal, que es un sistema de células nerviosas entrelazadas por todo el cuerpo del animal, que les permite “sentir” la presencia de alimentos, depredadores o posibles compañeros.

A pesar de no poseer un cerebro, la medusa que nada boca abajo “Cassiopea” tiene signos reveladores de sueño, según informan científicos en un artículo publicado este jueves en la revista Current Biology.

Los investigadores determinaron finalmente que cumplía con tres criterios importantes del sueño: los períodos de disminución de la actividad conocidos como inactividad conductual, una menor respuesta a estímulos y un aumento del sueño tras no haber dormido.

En la imagen se aprecian dos medusas Cassiopea.

2.- Erizos de mar

Los equinoideos (Echinoidea) viven en todos los fondos marinos, hasta los 2500 metros de profundidad. El aparato digestivo está compuesto de un gran estómago y una boca situada en la cara oral (parte inferior) del erizo.

La vida de estos animales es arrastrarse por el suelo del océano en busca de comida, pero como tampoco tienen un cerebro, no existe una planificación para ello.

Hay acerca de 900 tipos de especies.

3.- Esponjas de mar

¿Bob Esponja no tenía cerebro? Pues si Bob Esponja Pantalones Cuadrados existiese tal como nuestras esponjas de mar, entonces no, no tendría cerebro.

Las esponjas de mar además de no poseer un cerebro tampoco tienen sistemas digestivos, nerviosos o circulatorios.

Poseen un montón de células no especializadas que pueden migrar a través de su cuerpo y convertirse en cualquier tipo de célula específica que se necesiten.

Algo curioso es que sin tener órganos internos son capaces de estornudar.

Cuando algo las “irrita”, una esponja absorbe una gran cantidad de agua y luego contrae su cuerpo y rocía a quién las molesta con un chorro-estornudo que puede durar hasta 60 minutos.

Ahora ya sabes de donde provienen los poderes de algunos Pokémon.

4.- Estrellas de mar

¿Patricio Estrella tampoco tenía cerebro? Si seguimos la misma temática anterior, entonces no (aunque en la serie parecía no tener tampoco).

Los asteroideos a pesar de que no tienen cerebro ni ganglios, tienen un cierto sentido del tacto, la vista y el olfato. Cada uno de los brazos de la estrella de mar puede percibir el mundo alrededor de sí misma. Es decir, cada uno de sus brazos tiene sensores.

Cuando uno de los brazos “huele” algo bueno para comer, lo que hace es “cortar” el suministro de energía hacia el resto de los brazos y empieza a tirar del cuerpo hacia la fuente de alimento.

Las estrellas de mar no son peces, son equinodermos, al igual que los erizos y los pepinos de mar. Y no tienen sangre, sino un sistema vascular de agua.

5.- Corales

Son muy conocidos por los arrecifes, que no es otra cosa que la “cáscara” de un coral muerto, unido al de su vecino con lo que conforman enormes masas multicolores.

Ellos crean esos paraísos marítimos, llenos de colores y una hermosa imagen para el ser humano, pero no es igual de hermosa para las pequeñas criaturas que flotan por ahí.

Un arrecife de coral puede ser entendido como un muro de bocas.

Cada pequeño pólipo es un depredador que puede proyectar su estómago hacia sus vecinos -si se acercan demasiado- y devorarlos allí mismo.

Además, puede crear una red de baba para atrapar a las pequeñas criaturas que flotan por ahí o cazarlas con sus tentáculos y acercarlas a su estómago.

Para el ser humano no representan un peligro debido a nuestro tamaño, pero aun así, en la antigüedad se hundieron por culpa de los esqueletos de los corales -de carbonato de calcio- que destruyen los cascos de madera.

Tan peligrosos eran los arrecifes de coral para las naves que, en la década de 1830, el Beagle, con Charles Darwin a bordo, fue enviado al Pacífico para mapear las islas de coral.