mié. May 22nd, 2019

Los casos médicos más extraños

La historia de la medicina puede ser tan extraña como fascinante.

El experiodista de la BBC Thomas Morris lo sabe bien.

En su libro «El misterio de los dientes que explotaban y otras curiosidades de la historia de la medicina» (Penguin, 2018), revela siete de los casos más extraños en los anales médicos, aunque en este articulo solo les mostraremos 5 de ese texto.

Los dientes que explotaban

Hace 200 años, un clérigo de Pennsylvania, Estados Unidos (identificado solo como «el Reverendo D.A.») comenzó a padecer un dolor de muelas insoportable.

Fuera de sí por la agonía, hizo todo lo posible para aliviar el dolor: correr por su jardín como un animal enfurecido, golpearse la cabeza contra el suelo y hundir la cara en agua helada.

Desafortunadamente, todos esos intentos fueron en vano.

A la mañana siguiente, el clérigo caminaba de un lado a otro por su estudio, agarrándose la mandíbula, cuando de repente «un estruendo agudo, como un disparo de pistola, rompió su diente en pedazos, dándole un alivio instantáneo».

Extrañamente, la explosión del canino del sacerdote fue el comienzo de una epidemia de dientes explosivos que eventualmente sería reportado en una revista dental bajo el llamativo título: «Explosión de los dientes con un informe audible».

¿Qué pudo haber causado estas explosiones dramáticas? Los expertos propusieron numerosas teorías, que iban desde cambios bruscos de temperatura hasta los productos químicos utilizados en los primeros empastes.

Ninguno de estos argumentos, sin embargo, fue particularmente convincente, por lo que el caso de los dientes que explotaban sigue sin resolverse hasta la fecha.

El marinero traga cuchillos

En 1799, un marinero estadounidense de 23 años llamado John Cummings desembarcó para pasar la noche con sus compañeros en el puerto francés de Le Havre.

Allí, el grupo vio a un mago que entretenía a una gran audiencia pretendiendo que tragaba cuchillos.

Más tarde esa noche, Cummings, que ya estaba muy borracho, se jactó de que podía tragar cuchillos «igual que el francés». Animado por sus amigos, el temerario marinero se metió su cortaplumas en la boca y se lo tragó.

Cuando un espectador le preguntó cuántas navajas podía tragarse al mismo tiempo, Cummings respondió: «¡Todos los cuchillos a bordo de la nave!«, antes de consumir tres más.

Fue una hazaña impresionante, si bien fue una idiotez. Aunque Cummings no intentó tragar más cuchillos por seis años, en 1805 quiso lucirse en una fiesta y repitió su actuación frente a un grupo de marineros.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que Cummings comenzó a sufrir los efectos negativos de su «dieta» poco ortodoxa.

Un terrible dolor abdominal hizo que comer se volviera cada vez más difícil y comenzó a morir de hambre.

Finalmente falleció en 1809 después de una larga enfermedad.

Sus médicos, que no habían creído su historia de que había comido cuchillos, quedaron inicialmente desconcertados, hasta que diseccionaron su cuerpo y se asombraron al descubrir los restos corroídos de más de 30 cuchillos dentro de su estómago e intestinos, uno de los cuales incluso perforaba su colon.

El soldado que removió su propio cálculo de vejiga

El coronel Claude Martin era un soldado del siglo XVIII que pasó gran parte de su vida trabajando para la Compañía Británica de las Indias Orientales.

Además de disfrutar de una exitosa carrera militar, trabajó como cartógrafo, arquitecto y administrador. Se convirtió en el europeo más rico de India y también construyó (y voló) el primer globo aerostático del país.

Pero lo que es menos conocido de Martin es que fue la primera persona que realizó -y que se sometió- a un procedimiento médico que más tarde sería conocido como litotricia.

Cuando desarrolló los síntomas de un cálculo en la vejiga, en 1782, Martin decidió no visitar a un médico, dándose cuenta de que una operación para extirparlo sería extremadamente dolorosa.

En cambio, el valiente francés tomó el asunto en sus propias manos.

Martin diseñó un instrumento especial hecho con una aguja de tejer y un mango de ballena. Luego insertó este instrumento casero en su propia uretra y dentro de su vejiga, y raspó la piedra poco a poco.

Encima de eso, el coronel repitió el horrible procedimiento hasta 12 veces al día, durante seis meses.

Sorprendentemente, funcionó: al final de ese período sus síntomas habían desaparecido.

Cincuenta años después, algo muy similar a la técnica de Martin se convirtió en un método estándar para el tratamiento de cálculos en la vejiga, gracias a la investigación pionera de cirujanos en París, que aparentemente desconocían lo que había hecho el coronel.

Martin no solo fue el primero en realizar el procedimiento, más tarde conocido como litotricia; también fue el primer paciente en someterse a esta operación.

El cuento del molinero

El 15 de agosto de 1737 un joven llamado Samuel Wood estaba trabajando en uno de los molinos de viento en la isla de los Perros en Londres.

Caminando en busca de otra bolsa de maíz, no se dio cuenta que tenía una soga colgando.

Al pasar frente a una de las grandes ruedas de madera, la cuerda quedó atrapada en uno de los engranajes y antes de saber lo que estaba sucediendo, voló por el aire y cayó bruscamente al suelo.

Al levantarse Wood no sintió dolor, excepto por un ligero hormigueo en su hombro derecho. Y entonces vio un objeto inesperado enganchado en la rueda: un brazo amputado.

¡Su brazo!, se dio cuenta con horror.

Mostrando una compostura admirable, logró bajar por una escalera estrecha y luego caminar hasta la casa más cercana para pedir ayuda.

Perder una extremidad no es un asunto trivial: la lesión de Wood fue tan drástica que los médicos que trataron al joven temían un desenlace fatal. Pero se sorprendieron al ver que el brazo había sido arrancado tan limpiamente que la vida de su paciente no corría peligro.

Wood se recuperó de su percance en cuestión de semanas y se convirtió en una especie de celebridad: las tabernas locales incluso vendían imágenes del hombre que había sobrevivido cuando un molino de viento le arrancó el brazo.

En noviembre de 1737, tres meses después del accidente, Samuel fue llevado ante la Royal Society como una curiosidad viva, con su brazo amputado, ahora conservado en alcohol, que también se presentó para que los científicos reunidos lo examinaran.

Una molestia ardiente

La halitosis, también conocida como mal aliento, es una condición incómoda y vergonzosa, pero rara vez es peligrosa.

En 1886, un hombre de Glasgow, cuyo nombre se desconoce, que había estado sufriendo de mal aliento durante aproximadamente un mes, desarrolló un nuevo síntoma preocupante.

Al despertarse en medio de la noche, prendió un fósforo para mirar su reloj. Cuando intentó soplarlo, su aliento se prendió fuego, causando una tremenda explosión.

Su esposa se despertó de inmediato y encontró a su esposo escupiendo fuego como un dragón dispéptico.

El médico del hombre nunca había escuchado algo similar y al principio nadie sabía qué podría haber causado este fenómeno inusual.

Pero luego otro médico escocés, James McNaught, se encontró con un paciente tan afectado por eructos combustibles que tuvo que dejar de fumar por temor a incendiar su casa.

Al pasar un tubo dentro del estómago del hombre, el doctor McNaught pudo analizar el contenido. Descubrió que una obstrucción en el intestino hacía que el contenido del estómago del hombre se fermentara, produciendo grandes cantidades de metano inflamable.

Aunque es potencialmente peligroso, este estado también sirvió como truco divertido.

En la década de 1930, un paciente intentó encender un cigarrillo mientras jugaba un juego de bridge, pero se sintió abrumado por la necesidad de eructar.

Como informó una revista médica: «Al estar en compañía intentó hacerlo discretamente a través de la nariz; dejó electrificados a sus acompañantes cuando produjo dos llamas que salían de sus fosas nasales«.

Generosidad Patológica

En Brasil, un hombre de 49 años de edad sobrevivió a un accidente cerebrovascular, aunque nunca volvió a ser el mismo. Tras el incidente, sufrió un drástico cambio en su personalidad, desarrollando una generosidad patológica, según el informe médico, publicado el 20 de agosto en la revista Neurocase. El hombre comenzó a regalar dinero a gente desconocida y comprar dulces a los niños que veía por la calle. Su esposa precisó que nunca más fue capaz de administrar su vida financiera.

Sobredosis de salsa de soja

Un muchacho de 19 años de edad, oriundo de Virgina, Estados Unidos, se bebió un litro de salsa de soja, motivado por un desafío entre amigos. Casi inmediatamente comenzó a sufrir fuertes convulsiones, lo que derivó en su urgente traslado al hospital, donde permaneció en coma durante tres días. El diagnóstico se basó en un peligrosísimo nivel de sal en sangre. Es que, tan sólo un cuarto litro de salsa de soja puede contener hasta 150 gramos de sodio. Los médicos necesitaron cinco horas y prácticamente 6 litros de agua con azúcar para volver los niveles de sodio en sangre a la normalidad, según el informe publicado por la Revista de Medicina de Emergencia en junio.

Fuentes: bbc.com y cl.tuhistory.com