Jue. Dic 12th, 2019

Los verdugos más sanguinarios de la historia

Vasili Blokhin

Ha pasado a la historia como uno de los verdugos más sanguinarios, sino el que más de todos los tiempos. Tras participar en la primera guerra mundial y alistarse en la Cheka en 1921, la primera policía secreta rusa, fue seleccionado a dedo por Stalin para convertirse en jefe ejecutor del NKVD en 1926.

El acto más infame Blokhin se llevó a cabo en la sangrienta Masacre de Katyn. En 1939, poco más de dos semanas después de que Alemania invadió Polonia, las fuerzas soviéticas entraron en la parte oriental de Polonia. A pesar de que oficialmente no declararon la guerra, capturaron más de 20,000 polacos y los detuvieron en campos de prisioneros soviéticos. El 5 de marzo de 1940, el mismo Stalin ordenó la ejecución de todos los oficiales polacos.

Durante un período de veintiocho días, Vasili Blokhin personalmente realizó más de 6000 de estas ejecuciones de polacos en Katyn. Por lo general, las ejecuciones se llevaban a cabo desde el atardecer hasta el amanecer, con Blokhin prefiriendo trabajar de noche para este tipo de tareas. Blokhin habría ‘trabajado’ casi sin interrupción cada una de las noches, matando a un prisionero aproximadamente cada tres minutos, a un promedio de 250 ejecuciones por noche.

Cuentan que Vasili ejecutaba vestido con un delantal de cuero (de los de carnicero) y unos guantes de piel, a fin de que su uniforme no se manchase de sangre.

Las ejecuciones serían algo así: después de firmar los documentos de identificación, los oficiales eran llevados con sus brazos atados a una pequeña habitación que estaba equipada con paredes insonorizadas, un desagüe, una manguera, y una puerta o escotilla. Eran obligados a arrodillarse y se le daría un solo disparo en la parte posterior de la cabeza de los prisioneros, matándolos instantáneamente. Sus cuerpos serían arrastrados por la segunda puerta o escotilla en el techo, la habitación sería lavada con la manguera, y el preso siguiente sería llevado al sitio.

Blokhin prefería la pistola Walther PPK de 7.65 mm, un arma que estaba siendo utilizada para todas las ejecuciones en masa. Para Blokhin, esta no tenía tanto retroceso como otro tipo de armas, lo que significa menos dolor en la muñeca después de realizar cientos de ejecuciones todos los días.

Tras la muerte de Stalin en 1953, se vio obligado a retirarse. Durante la campaña de desestalinización que siguió, Blokhin fue despojado de su rango y se volvió hacia el alcoholismo. Una combinación de la bebida y la locura supuestamente lo condujeron a su muerte en 1955, la causa de su muerte fue oficialmente reportada como un suicidio.

El legado de sus actos atroces aún vive. Junto con los 6000 prisioneros de guerra ejecutados personalmente por Blokhin en Katyn, además, es el responsable directo de la muerte de miles de otras personas en los campos de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, acertadamente sus acciones en vida le valieron el título del “verdugo más prolífico” en el Guinness Libro de los Récords.

Souflikar Bostanci

Souflikar fue el verdugo personal de sultán Mehmed IV (del Cosacos zapórogos) siglo XVII en Otomano (imagínense todo el derecho que tuvo Souflikar para asear sus ganas asesinas en las personas sin que se les oponga), ejerció el papel de verdugo durante cinco años y ejecutó en promedio a unas 3 personas al día, lo que arroja una cifra de 5 mil 475 muertos.

Normalmente el verdugo y el reinado no tienen mucha relación verbal. Uno ordena y el otro obedece. Pero la relación entre Souflikar y Mehmed debió de ser aún más grande, porque el verdugo tenía disponibilidad torturar a su gusto a todas las victimas… como pasantías del señor Souflikar. ‘

Él era un hombre injusto, alto y fuerte. Le encantaba recrear el infierno a sus víctimas, y como todo demonio, él hacia una apuesta con sus específicas victimas de vida o muerte. Una apuesta donde era la única opción de librarte de él. ¿Cuál era? sencillo. Souflikar tenía una energía deportiva, y dándole aquella propuesta de salvación para sus específicas victimas ya fatigados por las torturas y de mal estado, les proponía lo siguiente:

”Te desafío a una carrera por los jardines reales. Sí llegas hasta allá lejos antes de que yo te atrape, serás exiliado”

Muy injusto, ¿no? pero a la vez considerado. Lo malo, es que él era muy veloz y sus víctimas que les propuso, estaban mal heridas. Muy pocos lograban escapar del reinado y de las garras de Souflikar; pero, si él te gana… la muerte era desesperante y feroz. Él no le gusta matar a sus víctimas con las armas típicas de todo un verdugo, su especialidad era sentir como era arrebatar una vida, y lo hace haciéndolo con sus propias manos. Te agarraba y te ahorcaba con sus manos grandes de dedos largos, las marcas dejada en los pescuezos de cada uno de la víctima, era como sacado en una película de terror.

Jack Ketch

Muchos pueden relacionar la palabra verdugo con un hombre de bajos valores morales, que usa capucha color negro, tiene su torso descubierto y sostiene un hacha sobre sus brazos. Se puede decir que esa es la imagen que creó el villano inglés Jack Ketch.

Para conocer detalles de su historia tenemos que trasladarnos a la Inglaterra del siglo XVII, cuando el rey era Carlos II y las ejecuciones en la plaza pública de cada ciudad eran cosa de todos los meses.

De acuerdo a la enciclopedia de la Universidad de Oxford, dentro de las ejecuciones más “glamorosas” del villano en la época se encontraron Lord William Russell, opositor a Carlos II, y el duque de Monmouth, quien era hijo ilegítimo del rey con su amante Lucy Walter.

Se estima que sus cometidos públicos estaban al borde de la humillación hacia sus víctimas, ya que Ketch añadía a sus golpes con hacha la exhibición de pasos de baile, música, versos satíricos, demostración de sus instrumentos de tortura, robo de las ropas de la persona y joyas.

Su forma clásica de ejecutar consistió básicamente en cortar la cabeza de sus víctimas, lo que realizaba con su letal herramienta, a lo que, en ocasiones, incluía la utilización de un cuchillo para darles el “golpe de gracia”, cuando sus ejecutados estaban falleciendo.

Se cree que cuando los reos condenados a muerte eran ladrones o asesinos, Jack incluía a sus atroces actos las amputaciones de narices, lenguas y orejas; a lo que agregaba la realización de hasta 100 azotes con látigo (el número variaba de acuerdo a lo delicado que fuese el crimen).

Según la enciclopedia inglesa Britannica, Jack Ketch mató, como servidor del gobierno, a cerca de 300 personas en toda Inglaterra. Su personalidad demente y despiadada incluso lo hizo ser poseedor de grupos de admiradores en diversas ciudades del país.

En sus tiempos de mayor popularidad, cerca del año 1679, se cree que este villano llegó a ajusticiar a cerca de 30 hombres en una sola tarde, todos estaban acusados de ser traidores ante la corona.

Su nombre original fue Richard Jaquet, pero lo cambió para sembrar el pánico cuando asumió como el verdugo real.

De acuerdo al libro Great Bastards of History, del autor Jure Fiorillo, Jaquet fue un hombre de una estatura baja, no mayor a un metro y 60 centímetros, y la viruela que padeció de niño dejó su cara llena de secuelas, lo que le daba un aspecto tenebroso.

La enciclopedia Britannica aclara que lo peor de todo fue que, debido a su pequeña estatura, sus ajusticiamientos nunca fueron del todo limpios, por lo que estos llegaban a ser “imposibles de ver” debido a la cantidad de violencia y sangre que existía en ellos.

De esta forma, a la hora de matar a alguien siempre debía descargar el hacha por un mínimo de tres veces, para así lograr la decapitación total, situación que resultaba aterradora para quienes lo presenciaban.

Sus víctimas más célebres

Estas fueron los casos de Lord Russell y el Duque de Monmouth.

El primero de ellos fue sentenciado a muerte por el rey Carlos II, quien lo acusó de alta traición e intento de complot en su contra.

El 21 de julio de 1683, al momento de enfrentarse a Jack, el hombre de sociedad le pagó para que su golpe fuera certero, letal y le evitara sufrir los dolores de la agonía.

Se dice que el arma de Jaquet no estaba bien afilada ese día y tras el primer golpe el cuerpo de Russell quedó desangrándose, pero seguía vivo. En ese momento, al borde de la muerte, el aristócrata le reprochó que “no merecía recibir ese trato indigno”. El verdugo tuvo que descargar dos veces más su herramienta.

Por otra parte, Monmouth, cuyo nombre original era James Scott, fue condenado a la pena de muerte luego que la rebelión que encabezó contra su tío, el rey Jacobo II, fracasara tras perder la sangrienta Batalla de Sedgemoor.

Scott también pagó a Ketch para que la muerte también fuera de un disparo limpio con su hacha. Se estima que este caso fue peor, ya que el verdugo necesitó de 5 tiros y un toque final con cuchillo para acabar con la vida del hombre.

Su alcoholismo severo alteró tan fuerte su personalidad que, en noviembre de 1686, se vio envuelto en un conflicto con una prostituta, a la cual mató en plena calle.

Fue capturado por la policía y puesto en prisión. Tras el juicio, se decretó que debía morir en la horca a la madrugada siguiente, hecho que se llevó a cabo de una manera terrible.

Se dice que su estatura tan mínima, y su poco peso, impidieron que su ejecución fuera rápida. La soga que se le colocó en el cuello lo estranguló de forma lenta, por lo que estuvo cerca de 10 minutos colgando y pataleando antes de morir.

Fuentes: peru.com, marcianosmx.com y biobiochile.cl

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