dom. Abr 21st, 2019

5 historias de muñecos poseídos de la vida real

Existen diversas películas que representan de una forma exaltada la maldad de estos objetos y, aunque dan miedo y nos hacen saltar de la silla, no hay nada que dé más miedo que vivirlo en carne propia.

Y así ha pasado, muchos casos han sido reportados, en donde los dueños suelen botar estos objetos –a veces los rompen y/o queman- bajo la desesperación de quitar la “mala suerte” que los rodea pero estos vuelven a aparecer como si nunca se hubiesen ido.

Robert: El verdadero Chucky

Corrían los últimos años de la década de los 80 cuando en Florida, específicamente en Key West, el niño Robert Eugene Otto recibía un muñeco humilde como regalo de una de las mujeres de servicio en su hogar, al que le colocó su propio nombre como gesto de aceptación ante el obsequio.

Lo que comenzó como una relación de cariño y amistad inseparable con el muñeco, poco a poco se tornó una pesadilla, así como las que sufría Robert luego de la llegada de su nuevo amigo, que en realidad era su enemigo.

Consumido entre conjuros y malos deseos, el muñeco fue visto asomado en las ventanas de la casa cuando la misma estaba sola, movió muebles en el cuarto de Robert y de hecho hablaba con su dueño, lo que despertó la sospecha de los padres Otto con respecto al comportamiento de su hijo y sus cambios desde la llegada del que hoy es conocido como Chucky.

La mudanza y el crecimiento fueron la solución a estos problemas y el muñeco quedó apilado en un rincón, olvidado entre el polvo de un viejo ático de la casa hasta que Robert decidió volver.

Con sus padres muertos, Robert heredó la casa de aquel sospechoso episodio de su niñez, a la que decidió mudarse en busca de inspiración en su carrera como pintor. Allí encontró un mirador perfecto para sus obras. Sin embargo la antigüedad y el polvo escondían algo más que madera y recuerdos. Ambos Robert se reencontraron.

Como recuerdo de su infancia, el ya adulto Robert lavó su antiguo muñeco y le dio cabida en su espacio, junto a su esposa y su pasión por la pintura.

Los actos sobrenaturales se hicieron presentes de nuevo en el hogar, por lo que luego de quejas, rechazos y risas macabras en los pasillos, Robert devolvió el muñeco al ático donde permaneció hasta la venta de la casa, luego de la muerte de su dueño en 1972. La familia encargada de la compra permitió a su hija de 10 años acercarse al “inofensivo” juguete, recomenzando la historia.

 

Actualmente, Robert o Chucky, permanece en una caja de vidrio en la que pareciera cambiar de posición, con su vestido de marinero y su cosido de alambre. Los pasos y risas macabras se siguen escuchando.

Harold

El comienzo de este muñeco se sabe muy poco. Pocos son los relatos que hay escritos y pocas las personas que han contado las experiencias acerca de este muñeco. Según el relato oficial de este muñeco y el que todos pueden ver en haroldthehaunteddoll.com, esta historia al parecer comienza por el año 2003 con un joven cineasta al que un muñeco en Ebay le llama la atención y despierta en él una posibilidad de hacer una buena película de terror; el muñeco era ideal para la inspiración que este necesitaba.

El primer propietario llamado Greg, intentó vender este muñeco para poder sacárselo de encima cuanto antes. Y comenzó las pujas por 30 dólares. Al final el muñeco no lo pudo vender la primera vez que lo puso a la venta y Harold se volvió a casa con él, por desgracia para Greg.

Meses después, Greg consiguió vender por fin este muñeco, el cual cayó en las manos de una de sus amigas; Kathy, la cual pudo afirmar que en cuanto este terrible muñeco que pensaba vender y sacar mucho dinero con su venta, nada más llegar a su residencia, comenzaron a pasar cosas de lo más extrañas.

Meses después de que Kathy lo tuviera en su casa, esta comenzó a escuchar ruidos extraños que no sabía de dónde provenía. Voces y susurros por las noches. Pasos que parecían venir de donde estaba el muñeco. La joven con más dudas que miedo, intentó ver si ver realmente Harold quien hacía estos ruidos, pero todo fue en vano.

Siguió pasando el tiempo y estos fenómenos comenzaban a aumentar considerablemente. La chica ya no sabía qué hacer y dudaba si venderlo o no. Pero quería demostrar que en realidad el muñeco no estaba poseído y que todo era una gran mentira. Kathy decide quedarse con Harold un año.

Poco después kathy empezó a hablar con la comunidad de Ebay afirmando que desde que lo guardó en su sótano no le ocurrió nada más extraño. Es por ese motivo que Kathy decide dejarle este muñeco a uno de sus mejores amigos. Stephen, según el testimonio de la propia amiga, era un chico atlético, le gustaba ir a correr, hacer ejercicio, ir al monte, comía sano, no tenía ningún tipo de problema con su salud.

Es decir, se trataba de una persona muy sana. Tiempo después de haber tenido el muñeco en casa de Stephen, este comenzó a sentirse cada día peor. No salía, dejaba todo para última hora y al cabo de los meses, comenzó a enfermar. Los padres lo llevaron al Hospital y una vez allí le diagnosticaron cáncer de pulmón.

Otro de los amigos de Kathy, Ronnie, también fue tocado por la mala suerte de este muñeco. La joven cuenta que cuando uno de sus amigos se iba a ir de viaje, le pidió ver al muñeco antes de su partida, para poder ver a este muñeco con sus propios ojos. Kathy cedió a darle el muñeco, ya que no había ocurrido más nada desde el último incidente. Al tiempo de estar Ronnie en Amsterdam, calló por un tramo de escaleras y falleció en el acto.

Psíquicos que se han prestado a comprobar si este muñeco realmente tiene algo en su interior, han salido mal parados al poco tiempo de descubrir que realmente este muñeco, o más bien su espíritu, les iba a visitar por las noches.

La muñeca Pupa

Pupa es una muñeca italiana de la cual se dice que se mueve por sí misma y que sus expresiones faciales, así como sus brazos y piernas, cambian.

También se dice que mueve las cosas que la rodean en el estante cerrado donde está guardada. Desde la muerte de su dueña en 2005, las actividades de Pupa han aumentado considerablemente y pareciera que quisiera ser liberada de su prisión.

Aún utiliza su traje original de fieltro azul, así como algunos otros accesorios originales, y a pesar de su delicado aspecto, se dice que sus actividades son vastas. Sus dueños reportan que, al pasar cerca de su estante, escuchan pequeños golpes en el cristal y al voltear descubren la mano de la muñeca tocando el vidrio, además de observar a la muñeca en distintas posiciones dentro del estante.

La particularidad de esta muñeca es que fue hecha a imagen y semejanza de su dueña en Trieste, Italia. Una costumbre muy arraigada en muchas partes del mundo, tanto así que algunas de estas muñecas tienen cabello real provisto por parte del niño o niña al cual emulan o cabello humano vendido al fabricante de muñecas, como es el caso de Pupa.

Por razones desconocidas, los espíritus se sienten muy atraídos a estos juguetes y sobre todo a las muñecas que son muy propensas a crear vínculos emocionales muy fuertes con sus dueños, los cuales han sido demostrados aún a pesar de que sus dueños hayan crecido o incluso muerto.

La dueña original tuvo a Pupa desde sus 5 o 6 años (1920) hasta su muerte en 2005. La muñeca sobrevivió a los horrores de la Segunda Guerra Mundial, así como varios intentos de destrucción en fechas posteriores. Aún así, la muñeca siempre se mantuvo al lado de su dueña durante los viajes fuera de Italia hacia los EU y de regreso.

Actualmente las actividades de Pupa solo se encuentran en el círculo familiar, aunque su dueña anterior decía que su muñeca hablaba con ella y le advertía de algún peligro durante su infancia. Nunca se sintió asustada o con una reacción de miedo hacia su muñeca, sin embargo, en estos días, los dueños declaran que cuando pasan cerca de la muñeca sienten que su mirada los sigue y que algunas veces se pueden ver cambios en las facciones de la cara de Pupa.

Mandy

Un día Mandy fue una adorable muñeca de porcelana pero el tiempo no pasa en balde y, aunque desconocemos que pudo ocurrirle, parece que algo oscuro se enquistó en ella, pues los fenómenos paranormales no han dejado de seguirla y hoy es considerada la “antigüedad más malvada de Canadá“.

Se calcula que Mandy fue creada entre 1910 y 1920, quizá en Inglaterra o en Alemania, por el tipo de fabricación.

Pasaron más de 70 años hasta que volvió a ver la luz. Fue en 1991, cuando Mandy prácticamente rebotaba contra el escritorio de Ruth Stubbs, la por entonces conservadora del Museo Quesnel, en la Columbia Británica (Canadá). Su dueña la soltó allí, visiblemente angustiada, asegurando que la muñeca había pertenecido a su bisabuela y que debido a su lamentable estado, quería deshacerse de ella y evitar que su hija le cogiera cariño y jugara con ella.

Ruth Stubbs aceptó la muñeca y se quedó con ella. Sola. Al parecer, no sólo el aspecto de Mandy, con sus grietas y golpes resultaba algo inquietante, como declaró la conservadora: “había en ella algo terrible, transmitía la sensación de un niño real aterrado“. No obstante, como buena profesional, achacó esta angustiosa sensación a la apariencia de la pieza y procedió a prepararla para un examen en el que evaluarían su estado de conservación. Para ello, envolvió a Mandy en plástico y la dejó en su mesa de trabajo, en una zona común del museo. Cada uno de ellos manifestó lo escalofriante que les resultaba su presencia. Este sería sólo un pequeño aviso de lo que iría sucediendo más tarde en el museo, tras la llegada de tan curiosa muñeca.

Una vez se comprobó que no había insectos en ella, Mandy estaba lista para la sesión de fotografías de rigor, que todas las piezas del museo pasan antes de ser presentadas ante el público. Cuando la fotógrafa y su pareja entraron al laboratorio para revelar las fotos quedaron en shock: todos los objetos de escritorio de la habitación estaban tirados por el suelo, de cualquier forma. Pero la aversión de Mandy por las instantáneas no terminaba aquí. Ruth explicó que aquel mismo día entró en su despacho la fotógrafa, tremendamente pálida, al parecer mientras revelaba otras fotografías pudo notar un suspiro junto a su oreja y seguidamente un objeto cayó de la estantería. Estaba aterrada.

La fotógrafa del museo no es la única que ha podido experimentar el rechazo de Mandy por las cámaras, sea por timidez o no, cada vez que se le intenta hacer una fotografía o grabarla en vídeo, quien está al otro lado de la lente, siente como si la muñeca maldita no quisiera ser inmortalizada. Incluso hay quienes han experimentado errores de funcionamiento en sus dispositivos únicamente en la sala en la que ella se encuentra.

Mandy no dejaba de recibir atención por sus extraños “efectos”, así que Ruth contactó con un conservador retirado de confianza, procedente de Surrey, quien tenía una gran sensibilidad con los objetos. Aseguraba poder sentir ciertas “vibraciones” procedentes de ellos. Al tocar a Mandy aseguró que había podido “ver” un largo historial de abusos y que había sentido muchísimo frío.

Al saber esto, Ruth volvió a contactar con la dueña de Mandy. Al parecer la muñeca había estado confinada durante años en un sótano, desde el cuál podían oírse quejidos y lloros de un bebé, algunas noches.

Ruth no supo si dar credibilidad a la historia de los lloros, pero asegura que, desde que recibió a Mandy, tiene la sensación de que ahora, en el museo, es más feliz.

Eso sí, se dice que no puede compartir vitrina con otras muñecas, pues sus compañeras aparecen dañadas al día siguiente.

La muñeca Okiku

Todo comenzó en 1918, cuando un joven llamado Eikichi Suzuki compró una muñeca a su hermana Kikuko, de 2 años, como recuerdo durante su visita a la exposición marina de Saporro, en la isla japonesa de Hokkaidō. La muñeca media unos 40 cm de alto y vestía con un kimono tradicional japonés. Sus ojos parecían perlas negras dentro de una cara blanca de porcelana hiperrealista, y con un pelo negro hasta el hombro de corte tradicional.

La niña disfrutaba con su nueva muñeca, y jugaba con ella todos los días, incluso le puso el nombre de Okiku. Las dos eran inseparables, iban juntas a todas partes hasta que la tragedia llegó a la familia. La pequeña de la casa se puso muy enferma y murió al poco tiempo debido a complicaciones con la gripe y la fiebre. En memoria de su pequeña hija, la familia colocó su amada muñeca Okiku en un altar.

No pasó mucho tiempo hasta que la familia comenzara a notar algo extraño en la casa. El pelo de la muñeca comenzó a crecer y a despeinarse misteriosamente. En poco tiempo, el pelo había crecido hasta las rodillas de la muñeca, lo que causó que la familia creyera que el espíritu de Kikuko estaba de alguna manera en la muñeca. Incluso cuando volvieron a cortar el pelo de la muñeca, este volvía a crecer inexplicablemente y siempre parándose en las rodillas.

La familia decidió trasladarse a la Isla de Sajalín debido a la Segunda Guerra Mundial en 1939. Y aunque que creían que el espíritu de su hija se encontraba en el interior de la muñeca, no estaban dispuestos a llevársela con ellos, por lo que decidieron llevarla al templo Mannenji, en la ciudad de Iwamizawa, Japón (actualmente sigue allí). Todos los monjes del templo comprobaron con sus propios ojos como el pelo de la muñeca seguía creciendo. Después cortar el pelo a la muñeca se convirtió como una tarea habitual en el templo.

A día de hoy no está claro el porqué del inusual crecimiento del cabello en la muñeca Okiku. Nadie ha sido realmente capaz de explicar cómo puede ser que su cabello siga creciendo de manera continuada durante casi un siglo. Muchos son los científicos que han analizado las muestras de pelo de la muñeca embrujada Okiku, determinando que el pelo es de origen humano.

Bonus para dormir: muñeco bebé en un cementerio que sigue con los ojos

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Temática sugerida por: Juan Jose Delgado

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