sáb. Ago 17th, 2019

5 Leyendas urbanas

Las leyendas urbanas son así, la mayoría de las veces piensas “es imposible” “esto no es más que un cuento para supersticiosos”. Pero lo cierto es que, tras cada leyenda urbana, a pesar de las exageraciones, existe algo basado en hechos reales. Es precisamente esa base real la que nos hace estremecer, la que nos hace pensar y cuestionarnos sobre qué aspectos de la leyenda serán verdad y cuáles serán las deformaciones propias del “boca a boca”.

La picadura del insecto

Un joven regresa a casa tras una excursión o un viaje. Entre las marcas de su periplo, (arañazos, pequeñas heridas, picaduras, lo normal cuando caminas por el monte) se halla una picadura de insecto en apariencia inofensiva. Empieza el escozor, que se hace inaguantable. Cuando el joven acude al médico, este le hace una incisión. Bajo la piel, la araña u hormiga o insecto que le picó había depositado sus huevas, que ahora son larvas o insectos que se nutren del cuerpo de la víctima y que probablemente acaben con su vida.

El camarero fantasma

No, no se trata de un tabernero chulesco que te vacila cuando le pides una cerveza. Todo el mundo conoce a alguien que conoce a alguien que, estando de viaje, se fue a tomar una copa a un bar solitario del pueblo en el que se alojaba. Para pasar el rato y desconectar tras muchas horas al volante, el conductor consume varios gin & tonics en animada conversación con el camarero. Según la leyenda, el forastero vuelve al día siguiente y se encuentra con otro barman. Al preguntar por su compañero, si es que ese día libra, se entera con estupefacción de que el establecimiento había estado cerrado la noche anterior.

Ahora mismo todos estamos visualizando un bar de carretera cercano a un polvoriento motel de la ruta 66, pero el caso es que esta leyenda también tiene su versión celtibérica. La oí hace poco, de boca de un amigo cuyo padre era comandante del aire y había estado un tiempo destinado en la Base Aérea de Los Llanos en Albacete. Cuando al cabo de seis meses volvió a esa base para una breve instrucción, decidió una noche acercarse a la cantina para ver si aún estaba Tomás, el soldado camarero con el que había hecho buenas migas durante su anterior estancia. Todavía estaba al cargo y el mando se pasó un buen rato bebiendo Magno y contándole anécdotas al soldado. Al día siguiente la cantina estaba cerrada. Cuando inquirió, le contaron que Tomás ya no estaba en el cuerpo: se había suicidado hacía tres meses. La cantina estaba cerrada, a raíz del suicidio y de que se había terminado el nuevo pabellón de oficiales.

La penitente

Una anciana sube a un taxi y da al conductor la dirección de una iglesia. Así comienza un viaje que la llevará de iglesia en iglesia: de cada una de ellas vuelve llorando y rezando. Luego de dos horas, la mujer indica al taxista la dirección de su casa. Al llegar, ella dice que irá a buscar el dinero. Luego de un buen rato, el conductor baja del coche y golpea la puerta de la casa. Quien lo recibe le explica que la anciana a la que busca ha muerto hace años.

La niña de la curva

La leyenda de la niña de la curva es, sin duda, la más célebre de todas las historias de terror. Como muchas historias populares, se desconoce su autor y la localización del suceso. Una noche de espesa niebla, un joven iba conduciendo por una carretera desconocida. Las luces del coche alumbraban lo poco que la niebla dejaba ver a su paso, pero de repente, una joven vestida de un blanco impoluto apareció a un lado de la calzada. Aunque la chica permanecía inmóvil, el conductor interpretó que estaba haciendo autostop y decidió parar para invitarla a subir. La misteriosa joven accedió a subir al asiento de atrás del automóvil, aunque sin mediar palabra. Durante el recorrido, el conductor intentó entablar conversación sin éxito hasta que, de pronto, la joven dijo: «Cuidado con la curva. Ahí morí yo«. El joven, creyendo que era una broma, se giró hacia la chica y descubrió con estupor que ya no había nadie en el asiento. Cuando giró la cabeza hacia la carretera aterrorizado, ahí estaba. La curva.

No sólo los perros lamen

La siguiente historia muchos la localizan en una pequeña localidad francesa, pero, como todas las demás, el boca a boca ha borrado la pista de su origen. Una niña de 9 años es la protagonista de la leyenda. La pequeña era la única hija de un matrimonio con gran influencia política y una ajetreada vida social que hacía que la niña pasase demasiado tiempo sola. Para aliviar su soledad, los padres decidieron regalarle un perro, que podría proteger a la niña en su ausencia. Niña y Can se hicieron inseparables. Un día, mientras dormían, la niña empezó a escuchar cómo su mascota arañaba el suelo y gruñía. Para tranquilizarlo, bajó su brazo de la cama para que él la lamiera: era un código entre ellos para saber que ambos estaban bien. Al día siguiente, cuando la niña despertó, en la pared se podía leer con sangre: «No sólo los perros lamen«, y a su perro asesinado en el suelo. Cuando encontraron a la niña, ella sólo preguntaba quién le había estado chupado la mano toda la noche. Cuenta la leyenda que la niña acabó enloqueciendo.

Temática sugerida por: Ricardo Andasol, Marinette MLB & FNAFHS y Viviana Narvaez

Fuentes: