dom. Abr 21st, 2019

Alexander Pichushkin, el maníaco del martillo

“El Maníaco del Martillo”, un ciudadano ruso denominado así por exterminar a 61 personas con el brutal instrumento, confesó en escalofriantes palabras: “Me gusta el sonido de un cráneo partiéndose”.

La intención de Alexander Yuryevich Pichushkin era completar un macabro tablero de ajedrez de 65 casillas en el cual ya había pegado 61 monedas, una por cada una de sus víctimas. Todos los espacios eran numerados y luego apuntaba en su diario los datos más escalofriantes.

Alexander se ganó varios nombres por la prensa y la opinión popular: “El Maníaco del Martillo”, “El Asesino del Ajedrez”, también el “Maníaco de Bittsevsky”, nombre del parque en el sur de Moscú donde cometió sus homicidios.

Alexander nació el 9 de abril de 1974 en Óblast de Moscú, Rusia. Poco se sabe de él antes de que se convirtiera en “el Maníaco del Martillo”. Su primer asesinato, a sus 18 años, despertó una bestia asesina que mantuvo latente hasta el año 2000, ocho años después.

Un asesino en serie es alguien que quita la vida a tres o más personas y cuya motivación se basa en la satisfacción psicológica que obtiene con el acto cometido. Estos criminales responden a una serie de impulsos psicológicos, especialmente por ansias de poder y compulsión sexual.

Su padre abandonó a su familia cuando él todavía era un bebé, por lo que fue criado por Natalya, su madre. Cuando Pichushkin tenía solo 4 años se cayó de un columpio y sufrió una herida en la cabeza por lo que ingresó en un instituto de niños con discapacidad. Esto habría sido la causa por la que Alexander no congeniaba con los niños de su barrio y pasaba solo y callado.

El joven tenía una buena relación con su abuelo y cuando este murió entró en una gran depresión. Para resolver este problema su madre le regaló un perro, que Alexander paseaba con frecuencia en el parque Bittsevsky, al sur de la ciudad. Alexander amaba a los animales.

Con 17 años Alexander se enamoró de Olga Maksheeva, una adolescente de su misma edad, quien se fue con un hombre de 20 y le rompió el corazón. Esto le causó una ira que lo llevó al primer asesinato, a los 18 años.

En 1992 Pichushkin cometió su primer homicidio cuando lanzó por una ventana a un compañero de clase, sin embargo, por la atención al juicio de Andrei Chikatilo, “El Carnicero de Rostov” -el asesino serial más famoso de la ex Unión Soviética-, la muerte de joven compañero de Pichushkin pasó desapercibida y fue declarada como un suicidio. Años después en su confesión Alexander dijo:

“Fue como el primer amor, inolvidable”.

En la primavera de ese año, el cadáver de Sergei (el hombre de 20 que le quitó a Olga) fue encontrado en su departamento y Alexander fue interrogado como sospechoso, pero al no tener evidencias quedó libre.

Extrañamente las tendencias homicidas de Alexander se detuvieron hasta el año 2000, período en el que comenzó con una serie de asesinatos que aterrorizó a la población moscovita. En 2001, los habitantes que vivían cerca del parque Bittsevsky, una de las áreas naturales más grandes de Moscú, reconocieron que se trataba de un asesino en serie.

La densa población de árboles lo convirtió en el lugar ideal para cometer crímenes atroces. En los primeros años del siglo XXI empezaron a desaparecer los vagabundos y los ancianos que lo frecuentaban.

“Una vida sin homicidios para mí es como una vida sin alimentos para ustedes”. Alexander se acercaba a sus víctimas fingiendo estar de luto por la muerte de su perro, posteriormente los invitaba a beber vodka en la tumba de su mascota. Así Pichushkin engañaba a sus víctimas con promesas de licor gratis si eran hombres y a las mujeres les mentía para salir en una cita.

Cuando la persona estaba intoxicada, Pichushkin la atacaba por la espalda golpeándola con objetos como un martillo, una tubería o la botella de vodka. El asesino escondía los cuerpos en las fosas de alcantarillado, los que sobrevivían a los golpes morían ahogados.

Las víctimas de Alexander eran encontradas con una botella de vodka rota incrustada en su cráneo. En 2002, el cadáver de Olga Maksheeva fue hallado en una fuente del parque Bittsevsky.

Alexander continuó sus asesinatos durante cinco años en el mismo parque en el que paseaba a su perro cuando era niño, en febrero de 2007 volvió a matar para demostrarle a la Policía que seguía libre.

Meses después Pichushkin invitó a caminar por el parque Bittsevsky a Marina Moskaleva, una compañera de trabajo en un centro comercial donde acomodaba productos en las repisas. Antes de salir, Marina dejó una nota a su hijo, diciendo con quién iba a estar.

“Solo mataba a personas que se quejaban de su vida, me sentía como un padre”. El cadáver de la señorita Moskaleva fue hallado en las afueras del parque el 14 de junio de 2007 y días después, con la ayuda de la nota, la Policía encontró a Pichushkin en su casa con el martillo en la mano. Alexander se entregó sin ofrecer resistencia y confesó sus asesinatos.

Al confiscar evidencias en la casa del detenido se encontraron con un tablero de ajedrez con 61 monedas pegadas y un número en cada espacio. Durante el interrogatorio Alexander declaró que su misión era llenar los espacios del tablero de ajedrez con sus víctimas.

Dicho esto, le entregó al oficial un diario con apuntes y un diagrama del tablero que contenía información sobre sus víctimas. Alexander reiteró su comentario diciendo lo siguiente: “Salvaron la vida de muchas personas al atraparme, nunca me hubiera detenido, nunca.”

Una vez bajo custodia, Alexander se declaró culpable de cometer 61 asesinatos, sin embargo la Policía solo le reconoce 49 muertes confirmadas hasta la fecha. Pichushkin se quejó, lo consideró injusto para el resto de sus víctimas.

Cuando la prensa lo cuestionó con la pregunta: “¿por qué?”, su respuesta fue que sentía orgasmos mientras veía cómo su víctima agonizaba. Estas son algunas de sus declaraciones:

– “Una vida sin homicidios para mí es como una vida sin alimentos para ustedes”.

– “Solo mataba a personas que se quejaban de su vida, me sentía como un padre de todas estas personas, porque era yo el que les abría la puerta a otro mundo.”

– “Me gusta el sonido de un cráneo partiéndose.”

Durante el interrogatorio, Pichushkin dijo haber matado a 11 personas en 2001 y que estranguló a seis en un solo mes.

Finalmente confesó su admiración por Andrei Chikatilo, diciendo a las cámaras que él debía ser nombrado como el asesino Nº1 de Rusia por haber superado el número de víctimas del “Carnicero de Rostov”.

Una caja de vidrio reforzado fue usada en la corte para proteger al acusado de posibles ataques por parte de los familiares de las víctimas. Alexander fue sometido a una prueba psiquiátrica para saber si era apto de atender el juicio. El Instituto de Serbsky en Moscú dictaminó que el asesino tenía la suficiente cordura mental para ser enjuiciado.

El miércoles 24 de octubre de 2007 el juicio de “El Maníaco del Martillo” llegó a su fin. El juez Vladimir Usov leyó el veredicto por una hora y lo sentenció a cadena perpetua por sus crímenes; adicionalmente, Alexander fue condenado a pasar en confinamiento solitario los primeros 15 años de prisión.

El final del asesino dejó a muchas personas poco satisfechas, debido a que la pena de muerte se había suspendido en Rusia desde 1996. “Pichushkin merece más que una cadena perpetua. Un escuadrón de fusilamiento sería un castigo muy liviano para él”, dijo Alexander Fyodorov, un intelectual moscovita.

Fuentes: eltelegrafo.com.ec y culturizando.com

Temática sugerida por: Lucas Peroni

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