dom. Abr 21st, 2019

Tres relatos cortos que no te dejaran dormir

Las historias de terror y los cuentos de terror, son ese ‘disparador’ de miedo que nos provoca el instinto de autopreservación. Cuando leemos historias de terror nuestro corazón posiblemente se acelere, llegaran los temblores y nuestra percepción sensorial aumentara notablemente. Dicho esto, comencemos…

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El Guardián en Peligro

Aaron era un estudiante universitario que necesitaba dinero para pagar sus estudios y cuestiones personales, el problema es que la búsqueda de empleo se le hizo muy difícil y su última opción era cuidar a un octogenario enfermo, su única función era verificar que el señor tomara todas sus medicinas y estar con él durante las noches. El médico le aconsejó que no lo dejara solo para que el anciano pudiera curarse rápidamente y así lo hizo. Durante semanas el joven se quedaba con el señor y tenía apenas pocos días libres, sin embargo, la paga era muy buena así que no se quejaba en absoluto.

En una de sus noches libres, el anciano lo llamó con urgencia para que fuera a atenderlo. Aaron estaba preocupado por lo que pudiera sucederle al señor y en seguida emprendió su camino hasta la vieja casa del vecindario. Eran las siete de la noche, no era muy tarde pero todo estaba oscuro, el ambiente era tenso, algo no andaba bien. Cuando entró a la casa, el anciano le comentó que no podía dormir porque se sentía observado, Aaron decidió quedarse con él y así poder defenderlo en caso de que algo pasara.

Pasaron los minutos y el teléfono de la casa comenzó a sonar, contestó y una voz muy ronca le dijo que saliera de la casa y que, en caso contrario, no dudaría en asesinarlo. Aaron no le prestó atención y colgó sin siquiera hablar. 5 minutos más tarde, volvieron a llamar y le hicieron la misma amenaza, ya harto, llamó a la policía para que ellos se hicieran cargo. El agente a cargo le dijo que, si volvían a llamar, que hablara un poco para que ellos pudieran rastrear la llamada. Cuando el teléfono sonó nuevamente, él le dijo al hombre que no se iría de la casa y que lo dejara en paz, el sujeto comenzó a reír y colgó.

Solo pasaron segundos para que la policía se comunicara con el chico.

“Joven, salga de ese lugar, el hombre ha estado llamando desde la segunda línea telefónica, está en esa casa”.

La estación de servicio

Nunca es bueno manejar solo por carreteras solitarias, menos aun cuando es de noche, pero Denisse era una aventurera, ella no necesitaba estar acompañada para salir. Eran más de las 11 de la noche, ella tenía unos cuantos tragos de más y el sueño le estaba ganando, ya no se sentía con la capacidad de seguir manejando y el tanque de la gasolina se estaba vaciando poco a poco. Estuvo a punto de quedarse varada a un lado de esa oscura carretera cuando logró visualizar una gasolinera aparentemente abandonada.

El lugar estaba totalmente solitario, extrañamente tenía combustible y aprovechando su suerte, se detuvo en la estación de servicio y empezó a llenar el tanque. Escuchó unos pasos y observó todo el panorama, no había nadie y eso la aterró, pensó que de alguna manera podría sucederle algo malo y desesperada, terminó de cargar el tanque y se subió a su auto. De la nada, alguien apareció frente a su auto con una mirada desorbitada.

“Morirás, sal de ahí, van a matarte”

Más asustada que antes, encendió el motor del auto para salir de aquella gasolinera y el sujeto apareció justo en la ventanilla del piloto y la tomó por el brazo tratando de sacarla, se veía desesperado por lograr su cometido, pero Denisse, llena de adrenalina, pisó el freno y arrancó de allí en menos de 1 minuto, se adentró a la carretera y con el corazón acelerado, salió de allí.

Algo llamó su atención desde el espejo de su auto, había un bulto extraño en el asiento trasero.

No pudo siquiera voltearse para cerciorarse de lo que ocurría o de qué se trataba, un sujeto extraño la tomó por detrás y colocó un cuchillo en su cuello, ella detuvo el auto por órdenes del hombre, este se río de una manera macabra y la degolló. El cuerpo de Denisse fue encontrado 4 días después, o al menos lo que quedaba de él. El hombre la descuartizó y lo único que dejó intacto fue la cabeza, inmortalizando la cara de terror de Denisse, su última reacción fue gritar.

El niño de la habitación contigua

A mi mamá le gustaban mucho las casas antiguas, decía que cada una de ellas tenía su encanto, así que cada cierto tiempo nos mudábamos. En menos de un año ya me habían cambiado de colegio al menos 3 veces, era una niña, pero recordaba todo a la perfección. Recién nos estábamos mudando a una casa bastante bonita a pesar de su antigüedad. Era muy grande y espaciosa, con un amplio jardín delantero y ventanales que permitían que el sol ingrese a nuestro nuevo hogar. A mi hermanita menor le fascinaba la casa y eso era un buen indicio.

Siempre me costaba conciliar el sueño los primeros días de la mudanza, no era fácil acostumbrarse a otra habitación, pero trataba de hacerlo, mi madre estaba encantada con la casa y según ella, esta podría ser la definitiva, nuestro último camino y en el largo rumbo que habíamos recorrido. La diferencia entre las otras viviendas y esa, era que aquí se escuchaban muchos ruidos extraños y se veían sombras de vez en cuando, algo inquietante, pero lo relacionaba con la antigüedad de la construcción y no le prestaba mucha atención y si mi hermana se asustaba, iba hasta mi habitación y dormíamos juntas.

Al cabo de unas semanas, pude acostumbrarme a los ruidos de la casa y me dirigía a mi escuela con normalidad, había hecho muchos amigos, pero ninguno se atrevía a entrar a mi hogar, les daba miedo y al principio los entendía, después empezó a molestarme.

– Deberían ir a mi casa, mi mamá les dará una merienda deliciosa. –

– ¡NO! – Gritaron 3 de mis amigos. – Ahí aparecen personas muertas. –

– ¿Muertas, dices? ¡Eso es imposible! –

No hablamos más del tema, pero era algo que me inquietaba demasiado. Con el pasar de los días los ruidos iban aumentando y no era algo que solo yo sintiera, es que mi madre también los percibía e incluso llegó a pensar que alguien estaba viviendo en nuestro hogar a escondidas. Con la ayuda de los únicos 2 vecinos que se ofrecieron a investigar, revisaron toda la vieja casa hasta en el sótano, pero no encontraron nada que pudiera justificar el ruido en mi habitación y en la de mi hermana.

Una noche, mi mamá había llegado muy cansada de su trabajo y la brisa nocturna era demasiado fuerte, parecía que llovería en cualquier momento y decidimos abrigarnos hasta más no poder, pues el frío tentaba a calar nuestros huesos.

En determinada hora, hubo un corte de electricidad y todo quedó en penumbras, eso me dio mucho miedo, especialmente porque dormía sola y me daba demasiado terror levantarme para ir a la puerta contigua y dormir con mi mamá o buscar a mi hermana. Suspirando, me arropé totalmente y cerré los ojos, pero incluso con aquella sabana pude ver a alguien en mi habitación cuando un fuerte relámpago la iluminó.

Me levanté pensando que era mi hermana y aun estando en penumbras me movilizaba tocando la pared para estabilizarme.

– ¿Miriam? – Llamé a mi hermana, pero nadie contestó, en su lugar, la puerta se abrió y cerró rápidamente haciendo que me sobresaltara y un nuevo relámpago iluminó el lugar. Ella estaba sentada en mi cama con sus manos tapando su carita.

– Tengo miedo hermanita. – Dijo con voz ahogada.

– Lo sé, yo también, vamos a dormir. –

– Espera, ve debajo de la cama, sino no podré dormir. –

– Miriam, mejor lo dejamos para mañana y… –

– Hazlo, por favor. – Todavía tenía sus manos en la cara y resignada, hice lo que me pidió.

Me puse de cuclillas y fui a ver debajo de la cama, allí la vi a ella, llorando y tapando su boca. Yo estaba realmente confundida y cuando me iba a levantar, ella me hizo la señal de silencio y susurró algo que me dejó helada.

– “Esa de arriba no soy yo” –

Fuentes: misterio.tv

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